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30 de abril de 2019

La llave de la gobernabilidad está en Cataluña


La jornada electoral del pasado domingo 28 de abril se ha saldado con un claro vencedor: Tezanos. El presidente del CIS hizo un diagnóstico muy acertado del panorama político que desfilará por el Congreso de los Diputados durante la próxima legislatura, a saber: una holgada victoria del PSOE, un declive histórico en el PP, bajada considerable de Unidas Podemos, subida de Ciudadanos y la irrupción de Vox en la cámara baja, aunque con menos escaños de los que se esperaban.

Así pues, los 123 diputados cosechados por Pedro Sánchez lo sitúan como el principal candidato para formar gobierno. Un hipotético pacto con su socio preferente, Pablo Iglesias con el apoyo de Esquerra Republicana sumaría mayoría absoluta. Aunque también se vislumbra otra opción, tampoco descabellada: pactar con Ciudadanos —pese al cordón sanitario del candidato socialista y de Albert Rivera en la campaña electoral—. Dicho acuerdo los dejaría con una cómoda mayoría de 180 escaños, una velocidad de crucero muy cómoda para navegar por una legislatura.

La patata caliente de la gobernabilidad está en la unidad de España, tema estrella durante las últimas semanas, con tesis doctorales y libros con la rojigualda de por medio. En este sentido, cuando Ciudadanos refundó su identidad política y dio el paso desde el parlamentarismo catalán hacia el asalto nacional, viró desde la socialdemocracia hacia el liberalismo, pero su idea sobre la indisoluble división de España permaneció intacta. Y ahí puede chocar con el PSOE.

La salida que se proyecte sobre el tema catalán decidirá los futuros pactos. El fallo sobre el Procés, que presumiblemente tendrá lugar por el mes de junio, pondrá las cartas sobre la mesa y la condena para los procesados, se antoja como la opción más probable. El caballo de Troya en la negociación girará en torno a la apelación por el indulto y el Gobierno está facultado para ello. Es probable que el PSC, mucho más complaciente con el nacionalismo, aunque no independentista, se muestre favorable a dicho indulto. Ese roce entre soberanistas y constitucionalistas podría bloquear la formación de un gobierno y abocarnos a nuevas elecciones.

Desde el punto de vista político, lo más cómodo para Pedro Sánchez es un gobierno de coalición con Ciudadanos. Una opción moderada de centro-izquierda entre dos partidos con un programa social muy similar que permita sacar adelante los presupuestos generales en Bruselas, ajustar las partidas de gasto de las presiones y llevar a cabo un gasto público de la forma más sostenible posible.

7 de marzo de 2016

GAL: el Watergate español


La fallida investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno ha sido un proceso tan arduo y tedioso como previsible. Repleta de la típica expectación que suele conllevar, este clima ignoto nos sumerge en un océano desconocido de la historia de la política española. Un futuro incierto que supone la antesala de un terreno inexplorado de nuestra democracia, a merced del cual se encuentra el inmenso magma de la población. La formación de Pablo Iglesias acaparó todos los ecos mediáticos durante el debate de investidura al afirmar que Felipe González tiene, textualmente, las manos manchadas de cal viva, en referencia al truculento caso GAL.

Entre sonoros abucheos y pitidos por parte de la tribuna socialista, las duras críticas del líder de Podemos no han caído en saco roto. Parece evidente que el malogrado acuerdo entre Pedro Sánchez y Albert Rivera ha sido orquestado desde las altas cúpulas socialistas para evitar que Pablo Iglesias acceda a todo poder político. No obstante, la referencia del irreverente líder izquierdista a la guerra sucia, tristemente célebre en los años 80, no ha hecho más que abrir una herida en el corazón socialista que aún no había terminado de cicatrizar.

Pero, ¿qué sabemos a ciencia cierta de los GAL? ¿Realmente se trató de un tipo de terrorismo de estado? ¿Fue un plan instigado desde las altas esferas del gobierno para acabar con la actividad armada de ETA? Muchos son los comentarios, rumores y verdades que se han vertido acerca de ello. No obstante, lo único cierto sobre este controvertido tema es que se trata de uno de los asuntos más escabrosos, inconclusos y turbios de la historia reciente de nuestro país. O como muchos acuñaron, la segunda parte de la Guerra Civil.

A fin de contextualizar, después de la llegada de Felipe González al poder en 1982, ETA continuó convirtiendo las calles en un reguero de sangre. A sus víctimas, principalmente militares, policías y guardias civiles, pronto se sumaría un elevado número de personas civiles, con el objetivo de lograr la independencia del País Vasco. La dialéctica abertzale, básicamente compuesta de granada y metralla, asolaría las calles de España, dotando a la recién estrenada democracia de un halo de crispación y horror a partes iguales. De hecho, en 1980 el número de asesinados por parte de la organización terrorista alcanzaría la titánica cantidad de 93 muertos. Un Estado de Derecho, que había eclosionado tras más de 40 años de letargo, tendría que lidiar contra dos lacras de opuesto símbolo político que harían tambalear sus cimientos. 

Dicho esto, los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación) aparecieron en 1983 y comenzaron a practicar lo que se denominó guerra sucia. En esencia, se trataba de comandos parapoliciales, principalmente compuestos por agentes corruptos, el Batallón Vasco-Español, la Triple A, ATE (Anti Terrorismo ETA), la extrema derecha, sicarios, mercenarios y altos mandos policiales de la vieja guardia. Perpetraron crímenes contra etarras, concejales de Batasuna y simpatizantes del entorno abertzale. Sus víctimas eran secuestradas, torturadas y enterradas en cal viva.

Paralelamente, los rumores acerca de que los GAL eran una forma de terrorismo de Estado empezaron a recorrer todo el país, mientras los etarras eran considerados refugiados políticos en Francia y no eran castigados allí ni serían extraditados a España si no cometían atentados. Lugares limítrofes como Hendaya, Bayona y San Juan de Luz constituyeron fortines estratégicos donde los miembros de la organización terrorista vasca eran considerados refugiados políticos. Los GAL mataron a unas 30 personas, muchas de ellas sin relación alguna con ETA. En relación a ello, acaparó bastante revuelo mediático el caso de Segundo Marey, un ciudadano vasco-francés, trabajador de una cooperativa perteneciente a ETA, aunque ajeno a dicho ambiente terrorista. Marey, de 51 años, era hijo de un exiliado socialista francés y fue secuestrado y torturado por los GAL, por confusión al ser confundido con un etarra al que pretendían secuestrar.

Ni que decir tiene que la ingente mayoría de los ideólogos de los GAL eran dirigentes policiales procedentes del franquismo. Tras la victoria de los reformistas en detrimento de los rupturistas en la Transición, el cuerpo de policías franquistas fue reciclado, lo que derivó en una democratización mimetizada de los cuerpos de seguridad y fuerzas del Estado. Mandatarios como el inspector José Amedo serían uno de los principales artífices de los GAL. Otros destacados miembros de la Brigada Político Social, lo que básicamente era la Gestapo de Franco, camparon a sus anchas para tomarse la justicia por su mano, sirviéndose de dinero público y privando a la Constitución de toda legitimidad política y jurídica.

Los GAL constituyeron la institucionalización de numerosos colectivos armados cuya principal tarea era erradicar a miembros de ETA en los años posteriores a la muerte de Franco. José Miguel Argala, uno de los eterras involucrados en el asesinato del almirante Luis Carrero Blanco en 1973, sucesor natural del dictador, sería asesinado en Anglet por el Batallón Vasco Español el 21 de diciembre de 1978, cinco años y un día después de que el presidente del gobierno saltara por los aires. Posteriormente, dicha banda parapolicial, aunada con demás sicarios independientes, pasaría a denominarse GAL. Sería el primer crimen reivindicado por el terrorismo de estado en un reguero de sangre que se prolongaría durante los años 80.

Pocos periodistas se atrevieron a investigar a los GAL y los que lo hicieron llegaron prácticamente a las cloacas del Estado. Las comparaciones con el famoso Watergate, que acabaría con la dimisión del presidente de Estados Unidos, Richard Nixon en 1974 por escuchas ilegales al partido demócrata, no se hicieron esperar. Las analogías entre ambos casos serían más que evidentes. En tanto que el caso norteamericano supondría la piedra angular del periodismo de investigación, en el caso español, las trabas impuestas incluso desde estratos políticos superiores al Gobierno impidieron que la verdad saliera a la luz antes. Otros, en cambio, afirmarían que todo el asunto era un invento de la oligarquía vasca y de los grandes empresarios euskeras para eliminar a ETA, quienes personificaban su principal facción enfrentada. Sería el periódico El Mundo y Diario 16 quienes finalmente destaparían toda la verdad acerca de los GAL en 1987, al publicar datos acerca de su formación, financiación y principales responsables. Irónicamente, este movimiento relacionado con la extrema derecha fue financiado por las autoridades del PSOE, un partido teóricamente de izquierdas.

Finalmente, el ministro de Interior socialista José Barrionuevo y Rafael Vera, secretario de Estado para la Seguridad del Gobierno de España, serían condenados ya en los años 90. La implicación del ministro de Defensa, Narcís Serra, y la del presidente del gobierno, Felipe González, jamás sería demostrada legalmente dentro del entramado del sórdido caso GAL. Serra dejaría la cartera del Ministerio de Defensa para pasar a la vicepresidencia del Gobierno en 1991. El ministro socialista Barrionuevo sería condenado en 1998 a diez años de prisión y a doce de inhabilitación politica por el secuestro de Segundo Marey, además de malversación de caudales públicos. Dicha condena sería indultada parcialmente por el gobierno de José María Aznar. Toda esta trama de corrupción política afectaría significativamente al ejecutivo de Felipe González, que perdería las elecciones generales de 1996. Barrionuevo no cumpliría ni un tercio de su pena privativa de libertad. Así se gestó todo el entramado de los GAL, uno de los episodios más vergonzosos y menos conocidos de la historia moderna de nuestro país.

16 de febrero de 2016

Operación Pelícano 2, el despertar de la derecha


En 1993, la galardonada actriz estadounidense Julia Roberts protagonizó la película El informe pelícano, en la que una intrépida estudiante de derecho esbozaba una teoría acerca de los enigmáticos asesinatos de dos jueces de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Rosenberg y Jensen. Basada en la novela que John Grisman publicó en 1992, resulta curioso que el nombre de dicha cinta coincide con el de una operación ocurrida en las recámaras de la Transición Española que guarda inquietantes paralelismos con una situación que podría darse actualmente.

Tras la resaca por la aplastante victoria del PSOE en las elecciones generales de 1982, se hizo evidente la debacle de UCD de Adolfo Suárez, entonces liderado por Landelino Lavilla. La obtención de sólo 11 escaños sentenció la existencia de un partido muy personalista que desapareció, desembocando en la creación de CDS. La UCD representaba el espectro ideológico de la derecha española, dado que Suárez provenía del movimiento nacional. Un partido que representó la transición de una dictadura burocrático-militar hacia una monarquía parlamentaria o, dicho de otro modo, una democracia al más puro estilo occidental. Análogamente, mientras la derecha española, encarnada en UCD iba desinflándose, Alianza Popular de Manuel Fraga consiguió la nada desdeñable cantidad de 107 escaños, muchos de ellos procedentes de la radical Fuerza Nueva, y que los colocaba como la oposición al gobierno de Felipe González.

UCD fue un partido dinamitado desde adentro, debido en gran medida a la influencia de los militares, la amenaza de un inminente golpe de estado y las presiones llevadas a cabo por el mismísimo rey. Sería aquella la primera gran crisis de la derecha española. Una crisis que fue perpetrada deliberadamente para llevar a cabo una implosión controlada que acabaría con la UCD derrocada y con AP como principal estandarte de la derecha de España. El desmantelamiento de UCD fue orquestado desde las altas esferas de los poderes fácticos, con el objetivo de que los votantes fieles de Adolfo Suárez fueran a parar a Alianza Popular y se cohesionara la derecha española. En consecuencia, UCD desapareció como partido político en 1983 y Alianza Popular se renombraría como Partido Popular en 1989.

Dicho esto, la dimisión de Esperanza Aguirre como presidenta del Partido Popular madrileño no es un hecho que merezca ser analizado de forma aislada. Según se hacía eco el riguroso portal Financial Times, el destino que le depara a Mariano Rajoy y al Partido Popular es bastante turbio. La marca PP como el símbolo de la derecha de España está obsoleta y desfasada. Los ruborizantes casos de corrupción que asolan a la entidad de Génova han contribuido a que Esperanza Aguirre, una de sus principales ideólogas, haya decidido abandonar el barco antes de que este se hunda. Como las ratas.

En este contexto, Ciudadanos es gestado desde los grandes poderes financieros, con un programa económico trazado por la fundación FAES, calcado al del Partido Popular. La formación de Albert Rivera es concebida como una renovación de la derecha española y se postula como la marca blanca del PP, ideado con la clara intención de recabar todos los votantes desencantados del principal partido conservador. Y no es para menos. En este artículo, se explica cómo en 2013 el diputado por el Parlament Catalán, Manuel Villegas, defendía en el púlpito retirar la sanidad gratuita a los inmigrantes que no contaran con permiso de residencia.

Así pues, la evidencia indica que la corrupción desaforada ha anegado al Partido Popular. Mariano Rajoy podría haber perdido todo el respaldo político de los principales baluartes de la institución. Patrocinado por prestigiosos analistas políticos de diversa índole, así de tajante de reafirma el Financial Times: En un momento en el que sus rivales políticos se centran en las conversaciones sobre la formación del nuevo gobierno, el PP de Rajoy es sacudido por una ola de arrestos, revelaciones y dimisiones derivadas de la corrupción. 

Los rumores que circulan indican la existencia de un dossier elaborado por empresarios reunidos en Madrid donde se estaría programando destronar a Mariano Rajoy como figura principal del partido y apostar por un lavado de cara que podía caer en la figura de Soraya Sáenz de Santamaría. Todo ello sería un trasunto de la primera Operación Pelícano y que deja evidente una crisis endémica de la derecha actual española, cuyo principal beneficiado será Ciudadanos. Sólo así se explicaría un pacto con el PSOE, un partido que, teóricamente, guarda más afinidad ideológica con Podemos.

Paralelamente, diversos colectivos piden la ilegalización del Partido Popular, mientras la toxicidad ha enquistado por completo hasta el último rincón de Génova. Como se indicaba antes, es muy probable un posible pacto entre PSOE y Ciudadanos, con la abstención del Partido Popular, siempre y cuando se lleve a cabo la innegociable condición de servir la cabeza de Rajoy en una bandeja de plata. El objetivo de ese hipotético pacto gestado en diferido no sería otro que dilapidar la influencia de Podemos, formación que cuenta con la animadversión de Ángela Merkel, y mantener a Pablo Iglesias alejado de todo poder político. Llevar a cabo una segunda transición sin turbulencias y con una derecha refundada en torno a Ciudadanos constituiría un marco idóneo para una nueva Operación Pelícano y sería la prueba fehaciente de que en España los errores de la historia sólo sirven para volver a ser repetidos. 

Fuente: El Financial Times augura un oscuro futuro para Rajoy y el PP, sacudidos por la corrupción. (15/1/2016). Diario Público. Raúl del Pozo (18/9/2015). Un Informe Pelícano para derribar a Rajoy. Diario El Mundo.

@joseangelrios92

27 de octubre de 2015

Ciudadanos y la fábula de la liebre y la tortuga


Doy por sentado que todos ustedes conocen la fábula de la liebre y la tortuga: en una carrera, la liebre es tan rápida que se permite el lujo de comerse una zanahoria en la línea de meta al saberse ganadora mientras ve como la tortuga, tranquilamente, pasa por la línea de meta antes que la liebre.

Como toda fábula, siempre tiene su moraleja o enseñanza: no subestimes al rival. Algo así sucede en la actual situación entre Ciudadanos y Podemos, los dos partidos emergentes que prometían acabar con el bipartidismo sustentados en los dos grandes partidos: PP y PSOE.

En un contexto de drama social fruto de políticas impuestas por ambos partidos en sendos gobiernos y el posterior cruce de declaraciones y reproches entre ambos, Podemos surgió de ese descontento como una alternativa a ambos partidos, aunque ya estaba Ciudadanos en Cataluña pero con un papel irrelevante.

De hecho, se pensó en Podemos como la canalización del 15-M en las instituciones, algo que puede parecer incoherente ya que el 15-M se proclamaba como movimiento ciudadano distinto al resto de partidos existentes. 

Tal fue su irrupción que, enseguida, los medios empezaron a encumbrar la figura de éste partido tras sorprender en sus primeros comicios en las elecciones al Parlamento Europeo donde, con 5 escaños, parecía comenzar la llegada de una corriente distinta a la existente en la política convencional.

Mientras, Ciudadanos iba tras el rebufo de Podemos, como partido nuevo pero más moderado o, como ellos se hacen llamar, de centro. Mientras las investigaciones de medios de la derecha se centraban en los casos en los que personalidades de Podemos como Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón se habían visto envueltos, Ciudadanos presumían de una limpieza que ni ellos tenían, pero contaban con que los focos apenas apuntaban a ellos.

Pero ese protagonismo de Podemos ya es historia, y los mismos medios que, para bien o para mal, hicieron por encumbrarles, ahora les dejan en un segundo plano y, ahora si, enfocan al partido de Albert Rivera, presentándole como partido moderado de centro cuya inclinación hacia la derecha o la izquierda aún se debate aun siendo algo tan irrelevante como banal.

Nadie se acuerda de la militancia de su líder en uno de los dos mastodontes a los que quieren derribar, ni las cuentas en Suiza de Javier Nart, cara visible en los debates. Por supuesto, se podrán imaginar quién salió ileso de las primeras incursiones de las nuevas formaciones en los distintos hemiciclos donde han comenzado a tener presencia.

Con otro nombre, Podemos ha logrado alcaldías no exentas de polémica en ciudades como Madrid, Barcelona o Cádiz, pero Ciudadanos ha actuado como partido bisagra en gobiernos autonómicos como en Andalucía o en la Comunidad de Madrid apoyando a los dos grandes de la vieja política.

Eso debería suponer descrédito para Ciudadanos, pero ahora los medios les amparan donde antes estaban a la sombra. El desgaste de Podemos junto con su pretensión de aglutinar a toda la izquierda bajo su manto, no solo ha atomizado a la izquierda más si cabe, sino que ha dinamitado toda posibilidad de aplacar al bipartidismo además de causar en ellos un desgaste.

Ese vacío que una fuerza tan efímera ha dejado en los medios lo ha copado la otra nueva formación, que supo leer cuando ocultarse y cuando ocupar los principales focos de atención. Y todo ello, siendo un partido con un discurso ambiguo, con unas practicas más propias de la vieja política, pero tiene ante si la oportunidad de irrumpir en las elecciones generales tanto como lo están haciendo en las encuestas.

2 de marzo de 2015

3 + 2 son 7. Quién me lo iba a decir...


Jamás pensé que iba a parafrasear a Fran Perea en el título de un artículo. No me lo tengáis en cuenta. Dicen que en la mafia es fácil entrar pero lo difícil es salir. O se sale con los pies por delante. Parece que ese aforismo no va a ser aplicable al caso de la universidad, a la cual va a ser difícil entrar, pero más difícil salir. Para comprobar esta dramática realidad, sólo hay que adentrarse en la vida universitaria y enumerar la cantidad de personas que no pueden sufragarse sus estudios. La Ley de Murphy argumenta en unos de sus corolarios que las desgracias nunca vienen solas y que si algo tiene tendencia a ir mal irá mal irremediablemente. Estamos en lo cierto.

El lingüista estadounidense Noam Chomsky postula que una de las estrategias más extendidas por los gobiernos para manipular y someter a la población es introducir los cambios de forma progresiva, poco a poco, de modo que estas nuevas medidas vayan haciéndose tangibles a largo plazo y que no se noten sus efectos de forma rápida. Alguien en el Partido Popular debió pensar de este modo, aunque le salió el tiro por la culata. Un tiro metafórico como esa culata, lamentablemente. De forma ruin, despiadada y lamentable, el nuevo sistema universitario coloquialmente conocido como 3+2 es una prueba fehaciente de la manipulación a la que el Partido Popular está sometiendo a la comunidad universitaria. Y luego hay gente que se sorprende de la fuga de cerebros.

Si Bolonia no hizo más que implementar el neoliberalismo y el espíritu competitivo en la Universidad, el nuevo sistema 3+2 sería como irse de copas con Ronald Reagan y Margaret Thatcher juntos. Copas de martini con arsénico, dicho sea de paso. La reducción a tres años del grado y la ampliación a dos años del máster no es más que un pretexto para precarizar la educación, aborregar a la sociedad y convertir lo que realmente es la formación en un lucrativo negocio. El nuevo modelo, que entraría en vigor en 2017, consiste en aumentar a dos años los másters. Actualmente, el precio de dicho curso puede llegar hasta los 6.000 euros anuales, de forma que podría aumentar hasta los 12.000 euros. Análogamente, los grados, es decir, las carreras pasarán de cuatro a tres años, lo que significará la desaparición de muchas asignaturas, el embotellamiento de otras tantas y, en resumidas cuentas, un nivel de formación mucho menor. 

España tiene una salida. Y se llama Barajas. O San Pablo, si eres de Sevilla. Pero dada la carestía económica de las generaciones recién graduadas, será difícil hasta costearse un billete de avión. Los actuales graduados que, si han tenido suerte han encontrado un puesto de encargado en el Burger King más cercano, cuentan con cuatro años de educación universitaria. Aquellos que se graduen con el sistema 3+2 en vigor tendrán únicamente tres años de formación. Parece evidente que un puesto de tanta responsabilidad como de encargado en el Burger King de la esquina de casa está por encima de nuestras posibilidades. Esta expresión tan trillada empieza a tocarme seriamente la moral.

¿Resulta tan descabellado pensar que al Gobierno no le interesa que la gente pueda costearse la Universidad? O mejor dicho, que puedan subsanarse los estudios sólo las clases con mayor desarrollo socioeconómico. ¿Será que esto no es más que una nueva tentativa para convertir la Universidad en una institución elitista al servicio de los sectores sociales con más recursos? Lo único cierto es que el nuevo sistema no crea profesionales más formados, ni en consecuencia más puestos de empleo, ni por supuesto un paso más para salir de la crisis. Sólo hundirnos más y más en el lodo. 3 + 2 son siete, o sea, siete años de paro. Y eso con suerte.

16 de febrero de 2015

Ciudadanos: El Coleta de la Derecha


Joven, guapo, audaz, valiente e inteligente. Albert Rivera lo tiene todo para triunfar en política y lo está logrando. Tenía apenas 27 años cuando postuló a la Generalitat de Catalunya y llamó la atención posando desnudo en un cartel propagandístico. No creo que a Jordi Pujol le hubiese funcionado pero a Rivera sí, quien consiguió repercusión en la prensa nacional e internacional. Fue electo diputado autonómico y su partido se convirtió en la sexta fuerza política de Cataluña. Desde entonces ha sido un fiero defensor de la unidad de España, una valentía destacable puesto que se ha enfrentado a todo un pueblo apasionado por el sueño de la independencia.

Su movimiento quiso dar el salto nacional en 2008, con escaso éxito, por lo que continuó siendo una fuerza básicamente regional. Sin embargo, tras el fulgurante éxito electoral de Podemos en las elecciones europeas, el partido de Albert Rivera ha comenzado a cosechar parte de ese descontento general con el gobierno de Mariano Rajoy, posicionándose en un expectante cuarto lugar tras PP, Podemos y PSOE. Surge entonces la pregunta común “¿Dónde está situado Ciudadanos? ¿Es de izquierdas o de derechas?”.

A Albert le encanta esa indefinición y la fomenta porque sabe que así puede cosechar dentro del electorado descontento del PP y del PSOE, incluso ha llegado a asegurar, en una entrevista a el Periódico de Cataluña, en el que se define, dentro de Cataluña, como de centro-izquierda, pero da a entender que en el ámbito nacional es de centro-derecha. ¿Quién lo entiende? ¿Derechas o izquierdas? La verdad es que esta estrategia le está dando estupendos resultados electorales.

Albert Rivera nos dice que en la actualidad hay dos partidos viejos con ideas viejas (PP y PSOE) y dos partidos nuevos, uno con ideas viejas (Podemos) y otro con ideas nuevas (Ciiudadanos). Sin embargo, basta dar un vistazo a sus propuestas para darse cuenta que es un partido netamente liberal, una ideología que podemos rastrear hasta el siglo XVIII, es decir, tan “nuevo” no es.

¿Cómo podemos determinar cuando un partido es derechas o de izquierdas? En general es relativamente sencillo, debemos ver si sus propuestas van dirigidas a mejorar la vida del ciudadano, en cuyo caso sería un partido de izquierdas; o si lo que se busca es mejorar la eficiencia del Estado, en cuyo caso, sería un partido de derechas. Ciudadanos busca construir un Estado pequeño y eficiente donde la empresa sea el motor del desarrollo. Es obvio que es un partido de derechas.

Para un político de derechas, lo importante es la eficiencia del Estado, no que las personas tengan salud, educación y vivienda, porque entienden que cuando un Estado es eficiente, esos beneficios llegan solos. Lo opuesto piensan los políticos de izquierdas, creen que primero es la salud, educación y vivienda, y eso generará un Estado de bienestar.

Imaginemos a un hipotético padre de familia de derechas, él prefiere que sus hijos mueran de hambre o enfermedad pero que se cumpla puntualmente con el banco para así mantener el crédito familiar. Por el contrario, un hipotético padre de familia de izquierdas no paga sus deudas pero da de comer a sus hijos y los atiende si están enfermos, pero luego viene el banco, los desahucian a todos, se van a vivir debajo de un puente y se mueren todos de frío.

Ciudadanos propone, en términos generales, lo mismo que el PP, la diferencia es que piden reducir el número de Ayuntamientos de 8.000 a 1.000, también los cargos de confianza, y diversos cargos públicos, evitando la duplicidad. En suma, un Estado pequeño. Además, fomentaría a los empresarios, para que sean ellos los que creen nuevos puestos de trabajo. También proponen una lucha frontal contra la corrupción que ha proliferado en los últimos gobiernos “fuera corruptos de la instituciones” proclama su ideario.

El surgimiento de Podemos ha hecho temblar a la izquierda establecida en España, PSOE e IU han visto tambalear sus estructuras, y en vez de reacomodarse para enfrentar las elecciones que están por venir, han comenzado luchas intestinas que no están haciendo sino debilitarlos aún más. La izquierda va hacia los procesos electorales, dividida, y enfrentarán a un PP sólido y unido con Mariano Rajoy. Es por eso que la aparición de Podemos ha sido recibida con gran satisfacción por el PP, ya que la división de la izquierda será un éxito para su partido.

Sin embargo, la izquierda, y el PSOE en particular, deberían alegrarse por la aparición de Ciudadanos, que está llamado a transformarse en el partido que divida a la derecha, que mine al PP y que reciba los votos de los jóvenes de derechas que buscan un país “en orden”, pero que ya están cansados de las mismas caras y de la corrupción del Partido Popular. Albert Rivera se viste siempre formal y le desagrada el contacto con el pueblo, su estilo es muy diferente al de Pablo Iglesias, pero ambos tienen algo en común, una coleta regeneracionista.

4 de febrero de 2015

¿Por qué Podemos no ganaría las elecciones?


Podemos es un partido político arrollador, innovador y necesario. Si no existiese Podemos, habría que inventarlo. En los últimos años, las caducas estructuras políticas de España han sido incapaces de sintonizar con la ciudadanía y la gente está cansada de la indiferencia y prepotencia de nuestros políticos tradicionales. Los españoles están hartos de los miles de desahucios que se producen cada año, ancianos que son arrojados a la vía pública sin ningún apoyo ni consideración del Estado. La falta de humanidad y de sensibilidad del gobierno del PP es una vergüenza que quedará registrada en los anales de la historia de España.

Podemos ha irrumpido en la política española exigiendo que ésto cambie, y la mayoría de españoles está de acuerdo que es necesario cambiar. Con esta actitud humanista se han ganado el aprecio de la gente. No queremos ver ni un solo desahucio más, tenemos terror a no llegar a fin de mes, a que nos corten la electricidad. Vivimos una auténtica pesadilla. Por eso es que las campañas “del miedo” del PP no funcionan, tenemos más miedo a vivir en este Estado policial y deshumanizado que en un hipotético gobierno de Podemos. Nada de lo que digan los partidos tradicionales podrá derrotar a Podemos. Porque además, son torpes, y usan mentiras para tratar de desprestigiar al partido de Pablo Iglesias, y como en el cuento de Pedro y el Lobo, a la tercera mentira, dejamos de creerlas todas, ya ninguna crítica tiene efecto alguno.

Sin embargo, Podemos debería desvincularse del gobierno autoritario de Venezuela y no lo está haciendo, por el contrario, cada día expresan su admiración por la creación de Hugo Chávez. En Venezuela no existe libertad de prensa y eso debería ser un principio fundamental para todo demócrata y humanista. Venezuela es uno de los países con mayores ingresos petroleros del mundo y a pesar de ello posee enormes índices de pobreza y de corrupción, ¡allí la economía es un desastre!, ese país es más corrupto que Kirguistán, Guinea y República Democrática del Congo, ocupando el puesto 164 entre 178 países. (1)

Por otro lado, Venezuela tiene los mayores índices de homicidios de América Latina, y eso es mucho decir. Venezuela no puede ser nuestro paradigma. Allí se han cerrado todos los medios de comunicación críticos al gobierno, y hay un presidente que habla por cadena nacional (incluyendo los canales de pago) todos los domingos, durante horas y sin limitación alguna. Sorprende por ello, que entre las propuestas de gobierno de Podemos esté la creación de nuevos medios de comunicación dirigidos por Podemos el pueblo. ¿Para qué queremos más cadenas públicas? Eso es un despilfarro de dinero público cuyo único objetivo es la propaganda, ¡es mejor invertir ese dinero en los más necesitados!. Particularmente, yo no quiero que España sea una nueva República Bolivariana pero no es por Venezuela que Podemos perdería las elecciones. Cuando se habla de Venezuela, a la mayoría de la gente le interesa un comino, les suena a chino y no tienen demasiado interés en ese tema. 

Podemos no ganaría las elecciones porque está tardando demasiado en consolidarse como un partido serio, con propuestas claras. Ellos nunca han gobernado, no sabemos si serían buenos o malos gobernantes y las dudas vendrán dentro de poco. No sólo de ataques a la casta vive el hombre. Además, frente a los casos de corrupción denunciados por la prensa, la defensa de Podemos fue imitar a la casta, se han pepeízado, están siendo soberbios y altaneros, sin dar explicaciones claras.

También tendrían que decirnos cómo van a conseguir todo lo que proponen. El Estado tiene un presupuesto limitado. Ya sabemos más o menos a qué sectores les darán más dinero pero no sabemos aún a qué sectores les quitarán, porque si das a unos tienes que quitar a otros. Tampoco sabemos si permitirán un referéndum independentista en Cataluña, no sabemos si querrán cambiar la bandera, no sabemos qué harán después de quitar las vallas de Melilla y de cancelar todas las devoluciones de inmigrantes ilegales. No sabemos mucho en realidad, y la incertidumbre crece día a día.

Además, Podemos no ganaría las elecciones porque lo más probable es que el PP y el PSOE se pongan a resintonizar los nuevos canales y comiencen a podemizarse y ajustar sus frecuencias con la ciudadanía. Si esto sucede (y si son inteligentes, sucederá) tienes muchas posibilidades de seguir en el poder, porque la mayoría busca justicia y humanidad, pero también estabilidad y el partido de Pablo Iglesias es un “no sabemos” inquietante y por ese motivo Podemos no podría ganar las elecciones.

Sin embargo, si PP y PSOE continúan alejados del pueblo, lo más probable es que Podemos coseche esa insatisfacción nacional y si es así, ganaría las elecciones. Ganaría y no será tan malo, porque traerá un poco de esa justicia social que los partidos tradicionales han ignorado durante años, esos partidos han aplicado políticas draconianas que no consideran en absoluto el sufrimiento del pueblo. En un gobierno de Podemos los viejos se podrían jubilar y dejar ese trabajo a los jóvenes, las medidas de represión (de estilo venezolano) que nos ha impuesto el PP serían retiradas, la sanidad volvería a ser un derecho universal, también habría el derecho a una muerte digna, y a tener la luz y agua. Propuestas que nos acercan de nuevo hacia un Estado de bienestar europeo que creíamos perdido.

Fuente: Percepción de Corrupción en el mundo en 2010. Wikipedia.

@raulalosfc

1 de diciembre de 2014

Wert para creer


En primer lugar, me gustaría pedirle disculpas al ilustre Ministro de Cultura, José Ignacio Wert, por la foto que encabeza este artículo. Aunque no sea en la que más favorecido sale, su rostro esboza la inteligencia personificada. Siempre nos quedará el Retrica. Bueno, al grano. Cuando Rajoy fue electo presidente y anunció quienes ocuparían la cartera de los Ministros, apareció uno poco conocido, excepto para los estudiantes de Sociología Política en Madrid desde 1982 a 1983. Aunque no lo creas, el autor de estas líneas que lees comparte profesión con el oportunista y polémico ministro José Ignacio Wert. Y también nombre. Es un tema que me llena de ignominia, así que te pediría que no me lo sacases mucho.

Desde que acabó el verano, veo a todos nuestros ministros mucho más morenitos. No sé si será porque se lo han pasado entero en su chalet de Marbella o es lo que tiene estar todo el día cara al sol y eso no significa que se dejen la piel en el andamio. En 1969 el catedrático de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad del Sur de California, Laurence J. Peter, enunció un principio fascinante mediante el cual se pueden esclarecer varios interrogantes sobre nuestros políticos. El profesor Peter hablaba de la jeraquilogía, es decir, el estudio y análisis de las jerarquía en las organizaciones laborales modernas. Según su principio, las personas que realizan bien su trabajo son promocionadas a puestos de mayor responsabilidad, dificultad y envergadura. Es entonces cuando son desarboladas por un cargo de mayor rango y alcanzan su máximo nivel de incompetencia. Dicho de otro modo: En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia, al igual que la nata sube hasta cortarse. Es la metáfora perfecta de Ícaro y sus alas adheridas con cera a sus hombros. Ascendió tanto y tan deprisa que sucumbieron ante el poder calorífico del Sol.

¿No te suena de algo esta historia? Venga, que la he puesto facilita. Lo de siempre. Seguramente, nuestros ministros fueron personas respetables antes de diciembre de 2011. Bueno, todos no. Luis de Guindos fue miembro del Consejo Asesor de Lehmann Brothers, o sea, la persona más idónea para el cargo de Ministro de Economía. Eso también es Marca España. Para que te hagas una idea, es como si contratamos al capitán del Titanic para que dirija nuestro yate. Ah, que no tienes yate. Qué dura es la vida.

Atento porque diré algo que será lo único serio que leerás en este artículo, por así llamarlo. La Universidad, como su propio nombre indica, deriva de la palabra universal. Como estoy convencido de que los conocimientos de gramática del ilustre señor Wert son más que amplios, le será fácil dilucidar la esencia lingüística que entraña la citada palabra. La Universidad, concebida como tal, es de libre acceso, pública y de calidad. No hay vuelta de hoja. Es francamente inadmisible convertirla en una institución elitista al servicio de las clases más acomodadas. ¿El objetivo? Aborregar la sociedad mientras está siendo narcotizada con realities shows y demás productos que constituyen el opio del pueblo para no ser consciente de las barbaries que se perpetran desde las altas cúpulas de nuestro competente Gobierno. Ah no, que ya han alcanzado su nivel de incompetencia...

¿Y si la persona que tiene en su mente la vacuna contra el cáncer, en estos momentos, no tiene dinero para pagarse los estudios? ¿Merece más ir a la Universidad una persona con más ingresos económicos pero del nivel intelectual del protagonista de este escrito? Evidentemente, no. ¿Hay que recabar fondos con los que subsanar la crisis? Joder, pues en tres años, la cosa no parece haber mejorado mucho: los niveles de pobreza, desempleo y corrupción no sólo siguen, sino que han aumentado. Algo falla. En cualquier caso, si la cagas dirigiendo un Ministerio, siempre te queda la fácil salida de la dimisión. Señor Wert, tome usted buena nota.