29 de enero de 2021

El arte de la victimización en Tinder


En este hilo tan ilustrativo, la tuitera Paola Aragón Pérez explica su calvario personal. Debe ser horrible que, mientras estás tomando un cóctel de bayas polinesias en una terraza chill out, un desgraciado te inicie conversación por Tinder. Y lo entiendo, que te vibre tu iPhone 12 y no sea para avisarte de que el último capítulo de Los Bridgerton ya está disponible en Netflix, debe ser decepcionante. El patriarcado, como siempre, causando estragos.

En Tinder se escenifica la descompensación en el mercado sexual. A las mujeres les hacen más matches que a los hombres y me parece normal que sean más selectivas a la hora de escoger un candidato. Y no pasa nada. Nadie se queja. Pero de ahí a que sea un problema, hay un trecho.

En todo caso, lo lógico sería que fueran los hombres quienes protestaran, dado que les cuesta mucho más conseguir un match. No alguien que tiene tantas opciones como tú. Sería como si alguien se quejara por comer caviar iraní, frente a una persona que no llega ni a final de mes. Jo tía, es que tengo que comer langosta termidor todos los viernes y ya me cansa, no como tú que comes kebabs, puedo imaginarme.

En Tinder hay muchos más hombres que mujeres, porque a una mujer atractiva no le hace falta Tinder para ligar. Por tanto, la mayoría de ellas son quienes escogen y, como hay tantos, sólo eligen a una minoría de hombres que acaparan todos los matches.

Esto significa, en la práctica, que la mayoría de tíos no pueden elegir a las mujeres. Vamos, que tienen que pasar las de Caín para que les hagan match. Otro dato: en la primera hora, una mujer genera 200 matches; y un hombre, sólo uno.

En este caso, Paola diría que todo ello es culpa de un patriarcado malvado que odia a las mujeres. ¿Contar con más opciones de tener sexo es un problema? ¿Entonces qué será no tenerlas? Un discurso vacío y victimista, sin argumentos y con un ego tan desmesurado como irritante.

O dicho de otro modo, el problema de no tener problemas. Cuando perteneces a una clase social media-alta, has ido a la Universidad y tienes más recursos de los que jamás tendrás tiempo a disfrutar, toca hacer gala de tu infinita superioridad moral. Stop endiosamiento, please.

Si Tinder es el paradigma del patriarcado, ¿qué haces tú en él, colaborando con el enemigo? ¿No deberías salir de una plataforma superficial donde sólo se valora el físico? Déjame adivinar. En el fondo te gusta que los hombres te hagan match y te den like a tus fotos, sientes el gusanillo de la adrenalina recorriéndote las venas. Como a todo el mundo, dicho sea de paso. Pero claro, decirlo públicamente no te hace quedar muy empoderada. En fin, la hipotermia.

Me gustaría saber, Paola, qué pasaría si no tuvieras tanto éxito en Tinder como se ve que tienes. No me lo digas, puedo imaginármelo: Malditos hombres cosificadores, sólo buscan el atractivo físico heteronormativo, la belleza es un dispositivo capitalista de género...

Las cosas son mucho más simples, Paola. Si aquel chico que te habló no te interesaba, ¿para qué le diste match? Y si pese a tu desinterés, él seguía siendo pesado, ¿por qué no deshiciste el like y fin del problema? Tonterías. Victimizarse vende más. ¿A que sí?

En tu hilo se destila un tufo maniqueo de 'mujeres buenas y hombres malos', muy sectario. ¿No es eso un estereotipo de género? Probablemente no lo sepas, pero estos discursos rancios e identitarios son el principal generador de machismo y resentimiento entre los hombres.

Por último, y perdón de antemano por el mansplaining, te diré: ser atractivo/a y despertar interés sexual, no es un problema. Al revés. Y me parece flipante tener que aclarar esto. También puedes atraer a gente negativa, claro, pero nunca será tan malo como no gustarle a nadie.




@joseangelrios92

1 de enero de 2021

La absurda polémica por la bandera de España


La resaca de Nochevieja no se ha hecho esperar. Y como era previsible, ha venido por el flanco habitual. Ignacio Escolar se hacía eco en su cuenta de Twitter de una ignominiosa noticia que nos atería las posaderas y castañeteaba los premolares: Atención a esto -> Ayuso ordena proyectar la bandera de España en la Puerta del Sol durante de la retransmisión de las campanadas. Comentaba ufano el juntaletras, con la ecuanimidad que lo caracteriza, a sabiendas de los ríos de tinta vertidos tras sus declaraciones. 

Antes de comenzar, una aclaración. No me identifico con un colectivismo de izquierdas o derechas. En la actualidad, estas etiquetas no se corresponden con una clasificación de posiciones políticas, sino más bien un epíteto para desprestigiar al adversario. Y eso es algo observable en los partidos progresistas y conservadores. Me repulsan los dogmatismos ideológicos y la insensatez. Todos se han embarcado en la travesía de emplear la emoción y los sentimientos, dejando en la estocada la lógica, la razón y el sentido común. Y ni que decir tiene que esas posturas irracionales me repugnan desde cualquier rincón de nuestro espectro político.

Aclarado esto, la bandera es el símbolo del Estado y no de la Nación, aunque el Estado se sustenta sobre una nación existente y toma elementos de ella. De hecho, todas las banderas tienen unas dimensiones exactas reguladas por Ley, disposición de las franjas, símbolos, blasones y código alfanumérico Pantone de sus colores. Por ello, tiene sentido que, cuando se cambia de régimen, la bandera también lo haga.

Esto ha ocurrido en España en los numerosos regímenes que ha habido durante los últimos dos siglos. Al proclamarse la Primera República en 1873 se cambió de bandera, al igual que con la restauración de la Monarquía Borbónica, con la Segunda República, la Dictadura de Franco y la Monarquía Constitucional actual. En todos estos cambios de cromos políticos, la bandera de España ha sufrido más o menos transformaciones.

¿De dónde proviene la bandera de España? 


Hay que remontarse al reinado de Carlos III en 1785. En tiempos de Felipe V, se había dejado atrás la Cruz de Borgoña de los Tercios de Flandes y la enseña consistía en un escudo de armas sobre fondo blanco. Al no existir aún la noción de Estado moderno liberal, la bandera era símbolo del pabellón naval de los barcos. Y como la mayoría de buques tenían también banderas blancas, eran susceptibles de confusión. Por ello, el Ministro de Marina de Carlos III, Antonio Valdés y Fernández Bazán, organizó un concurso del que salieron doce bocetos. Fue el propio monarca quien escogió dos: la rojigualda, en forma de bandera y gallardete para la Marina de Guerra; y otro para la Mercante, inspirada en las banderas del Levante. 

Fue por Real Decreto de 28 de mayo de 1785 cuando el cambio de bandera se hizo oficial y se izaron en los buques de la Armada, con el fin de identificar a los barcos españoles que navegaban en alta mar. La rojigualda, tal y como la conocemos, se haría popular en la Guerra de Independencia contra Francia, siendo la bandera de las Cortes de Cádiz y la Primera República. Sería a partir de 1908 cuando el gobierno de Antonio Maura decretaría la obligatoriedad de la bandera de España ondeando en los edificios oficiales.

¿Tiene sentido, entonces, decir que la bandera de España es franquista? 


En absoluto. Su origen se remonta a más de cien años antes de que Francisco Franco naciera y mucho más que su régimen alumbrara. Tras el final de la Guerra Civil en 1939, el dictador reinstauró la bandera que, con sucesivas transformaciones, había sido la nacional de 1785 a 1931 y a ella se le añadieron elementos de la heráldica española como el Águila de San Juan o el yugo y las flechas de los Reyes Católicos. A diferencia de Hitler y Stalin, que colocaron la bandera del Partido Nazi y Comunista, respectivamente como emblema de sus países, Franco no haría lo mismo con la bandera de España y no la reemplazó, por ejemplo, por la de Falange o el Movimiento Nacional.

Tras la muerte de Franco, la Constitución Española en 1978 establece en el artículo 4.1: La bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas. Pese a ello, no se hace referencia al escudo, el cual se rige por la Ley 33/1981, de 5 de octubre, y en el Real Decreto 2964/1981, de 18 de diciembre. En dichos reglamentos, establece la posición del escudo y lo blasona tal y como lo conocemos en la actualidad, cuartelado y entado en la punta y escusón al centro. De hecho, en los primeros ejemplares de la Carta Magna, se puede apreciar el Águila de San Juan presidiendo la portada.

¿Entonces la República es de izquierdas y la Monarquía de derechas?


No necesariamente. En general, la forma de Estado —Monarquía o República— no guarda relación alguna con posiciones políticas de izquierdas o derechas. A lo largo y ancho del planeta, encontramos repúblicas muy diferentes entre sí —por ejemplo, Irán y Estados Unidos—, monarquías y repúblicas parecidas —España y Portugal, sin ir más lejos— y monarquías diametralmente opuestas —Arabia Saudí y Reino Unido—.

Cuando el Frente Popular se adueñó de la República —no sólo ya entendida como la forma de Estado, sino también de su concepción espiritual, pues también hubo republicanos de derechas como la CEDA y el Partido Radical—, el bando nacional haría lo propio con la bandera rojigualda. Franco la usó para atraer a los monárquicos a su causa —el golpe de Estado de 1936 se había hecho en nombre de la bandera tricolor—. De hecho, dentro de la cúpula sublevada había generales republicanos como Queipo de Llano y Cabanellas, este último jefe de la Junta de Defensa de Burgos y superior del propio Franco.

Dado que la Guerra Civil fue de carácter ideológico, la izquierda actual, que se erige como heredera de la que combatió en la contienda, se define como republicana; mientras que la derecha, por oposición, abraza la Monarquía. Ahí reside el odio bizantino de la izquierda hacia la bandera de España y los símbolos nacionales, al igual que la derecha se opondría a la tricolor. Es, pues, absurdo asociar la rojigualda a una dictadura de derechas, al igual que en Polonia nadie relaciona su enseña nacional con la dictadura comunista que la exprimió durante décadas.

España cuenta con una gran tradición monárquica. El nuestro es un país viejo, como cualquier otro europeo y de la fachada atlántica. Acumulamos siglos de monarquías y sólo dos repúblicas que, ni entre ambas, suman diez años de duración. Y un detalle no menos importante: ambas repúblicas han terminado en guerras civiles. De ahí que las frustradas experiencias republicanas unido a las rencillas heredadas de la Guerra Civil polarizaron las posiciones: la izquierda se haría republicana y la derecha, monárquica. ¿No deberíamos evolucionar y asumir que las posiciones ideológicas no son blancos y negros, sino más bien una paleta de grises?


Evolución de la bandera de España. El escudo actual no entró en vigor hasta 1981.

@joseangelrios92

14 de junio de 2020

La osadía de la ignorancia


¿Nadie nos advierte de lo indigestas que resultan estas peroratas? Es más, ¿Irene Montero aún conserva algún ápice de dignidad? Lo de reconocer públicamente habernos engañado a todos, debe de ser peccata minuta. Y pese a todo, tiene los santos ovarios de ir dando lecciones de moralidad. Una ministra que permitió las manifestaciones del 8 de marzo a sabiendas del riesgo que ello conllevaba, no está legitimada para ser la portavoz —o portavoza— de la justicia social. Ni de nada.

Esta revolucionaria de chalé y servicio, que hace de su muro de Instagram su particular Komintern, es un insulto a la igualdad. Su discurso es tan pueril y vacío de contenido que encona los vellos de aquellos que aún disponemos de ese arma tan subversiva llamada sentido común. Porque su activismo de postureo y tablet sólo revela lo que es: una inepta que hace de la demagogia su negocio político, sin el menor fundamento ni la más mínima muestra de vergüenza.

Y ahí la tenemos en la tribuna, con sus poses fingidas de intelectual de mercadillo, creyéndose la mismísima Clara Campoamor. Mujer a la que, ni por clase política, convicción ni cultura, llegará a la suela del zapato.

Esta profesional de la mentira satisface diariamente con grandes dosis de regocijo los oídos agradecidos de los inocentes que creen sus embustes. No me cabe duda de que en sus votantes hay personas de buena fe. Gente justa y progresista que emitió su voto con la esperanza de tener un país mejor y sólo han encontrado a los mismos perros que han cambiado el collar celeste por el rojo y el morado. Politicuchos de tres al cuarto que prometían el oro y el moro —aunque este último vocablo pueda resultar ofensivo— en búsqueda del tan ansiado cambio. Un cambio que sí se ha producido, al menos para ellos. Han pasado de ir en metro a hacerlo en coche oficial. Para ser un buen podemita hay que ir en coche oficial.

Han sido meses muy duros y todo se lo debemos a los profesionales que han puesto su vida en peligro para salvar las nuestras. Cajeros, médicos, policías y enfermeros. Hombres y mujeres que estamos hartos de que nos dividan y enfrenten, haciendo gala del maniqueísmo más nocivo y enarbolando esos manifiestos sexistas a los que estamos ya tan acostumbrados. Pero no a ellos. Los políticos sólo son una casta a rebosar de privilegios, que ni tienen problemas, ni les interesan los nuestros.

@joseangelrios92

9 de mayo de 2020

Chicote va a Los Pollos Hermanos: "Está delicioso, me pregunto qué le echarán"


El prestigioso chef Alberto Chicote ha visitado uno de los restaurantes más famosos de la ficción internacional. Concretamente, se desplazó a Alburquerque, Nuevo México, e hizo una parada obligada en Los Pollos Hermanos. La cadena de comida rápida, tan célebre a nivel mundial gracias a las series televisivas Breaking Bad y Better call Saul, abrió sus puertas por todo lo alto para recibir al cocinero madrileño. 

De sus reacciones se han hecho eco los compañeros de La poca razón, siempre al filo de la noticia, quienes tuvieron el honor de entrevistar en exclusiva a Alberto Chicote: Este sitio es una jodida delicia. Me encanta este pollo bien sazonado con especias autóctonas y productos naturales del sudoeste estadounidense. Ni en Carabanchel Alto los he probado así. Vamos, que he alucinado pepinillos, pero para bien.

Preguntado por si cree haber reconocido el ingrediente secreto de estos pollos, el presentador de Pesadilla en la cocina, nos sorprendió con estas declaraciones: No tengo ni idea de qué le habrán echado, pero esto es más adictivo que la droga. Tal fue el entusiasmo de Chicote, que no escatimó esfuerzos a la hora de querer conocer al artífice de semejantes delicatessem para el paladar. Así pues, afirmó: Quise saber si estaba allí el encargado, pero la dependienta me dijo que en ese momento estaba recaudando fondos para una carrera benéfica de la DEA de Alburquerque.

En este sentido, continuó: Me iba de allí sin conocer al dueño, pero cuando me disponía a coger el coche en el aparcamiento, llegó el señor Gus Fring y tuve el placer de intercambiar unas palabras con él. Preguntado acerca de la conversación que mantuvo con el empresario chileno, Alberto Chicote afirmó: Me dio las gracias por venir y afirmó ser muy fan del programa. Finalmente, lo invité a Madrid a que viniera cuando quisiera y me dijo que lo pensaría, porque tenía muchos compromisos pendientes y una agenda muy apretada. Pero vamos, que volveré, porque este señor es un genio y seguro que un día sale en todos los titulares.

15 de marzo de 2020

¿Por qué todo el mundo está comprando papel higiénico?


La crisis del coronavirus es ya una realidad tangible. Desde el anuncio oficial de la pandemia, la fase de cuarentena nos ha confinado en nuestros hogares con el fin de no propagar el virus. Sin embargo, una de las imágenes más curiosas en estos días están siendo las colas kilométricas que han desabastecido los supermercados. Y lejos de lo que pueda parecer, un producto en particular ha sido acaparado como si ni hubiese un mañana: el papel higiénico.

Si bien resulta comprensible encontrar escasez en productos de primera necesidad como arroz, pan, leche o desinfectantes, observar los estantes de papel higiénico vacíos es una de esas imágenes que pasará a la historia. De hecho, según la consultora Kantar Worldpanel, las ventas de papel higiénico y productos similares han aumentado un 129% con respecto a meses anteriores. Las razones que explican este fenómeno obedecen a motivos psicológicos y sociológicos. Según el clínico Steven Taylor, esta respuesta desaforada por hacer acopio del papel higiénico encuentra su razón en el llamado efecto bola de nieve. Dado que aún se desconoce el impacto del coronavirus y la duración de la cuarentena, la incertidumbre de los meses venideros podrían llevar a los consumidores a tener una respuesta excesiva en lo que a satisfacer su higiene personal se refiere, aunque en realidad dispongan de existencias en casa para los próximos meses.

Estas compras desaforadas como producto del pánico también se deben a otro elemento. El papel higiénico es un producto voluminoso y eso nos crea la ilusión de tener la estantería repleta. Además, si vemos a muchas personas comprándolo, tendremos la sensación psicológica de que es un producto muy demandado y, por tanto, será fácil que se agoten las unidades. Se trata de un comportamiento irracional, pues el papel higiénico es fácil de reponer y su precio es barato —un pack de cuatro rollos rara vez llegará a costar un euro—.

De este modo, el miedo a la incertidumbre nos obliga a estar preparados para afrontar una situación desconocida, creando una situación de control y una reconfortante tranquilidad cuando sentimos que tenemos controladas todas las variables. Y la higiene nos da la sensación de confort. Aunque hacerte con decenas de rollos no tenga un efecto directo contra el coronavirus, hacerlo nos brinda con una buena dosis de alivio, al más puro estilo de un efecto placebo. En este sentido, Taylor apunta: Hay que actuar de manera sensata, te puedes preparar sin entrar en pánico. Para encarar el coronavirus, lo apropiado es proveerse de los artículos básicos de una forma razonada y no en cantidades industriales, como alimentos, jabón de manos y medicamentos.

Fuente: Business Insider y Diario El Mundo.