3 de mayo de 2016

Pase lo que pase mañana, siempre tendremos hoy


Muchas veces nos encontramos en mitad de un sinuoso túnel de apariencia eterna que parece engullirnos en la penumbra. Un corredor del que dicen que, al final, se puede vislumbrar un poco de luz que nos arroje la reconfortante sensación de salir sanos y salvos de allí. Sin embargo, el tiempo pasa con su ritmo inexpugnable y sentimos cómo quedamos confinados dentro de esa larga agonía mientras la esperanza de escapar se hace añicos.

Y es en ese momento cuando todo sale del guión establecido. Los actores que rigen nuestras acciones en una función que alegoriza la vida improvisan con una brillantez que incluso el director más tenaz se derrite en elogios. Aterrizaste en aquel desolador escenario para darme la luz que perdí a lo largo de esa vasta oscuridad. De repente, las piezas que no encajaban en mi mente hicieron clic y adoptaron la forma idónea para que todo se edificara con naturalidad y sosiego. En ese instante aparecería a lo lejos algo que nos sumergería en un océano de felicidad. Con la extensión de un píxel y la fugacidad de la felicidad, al final divisamos la anhelada luz al final del túnel.

A partir de entonces, las aventuras no dejarán de sucederse, guiados con la desbordante ilusión y tu arrebatadora sonrisa, para salir de un túnel del que cada vez vemos la salida más cerca. Será un camino inigualable donde la felicidad por disfrutar del proceso tumbará al proceso en sí. Una mágica travesía donde tu compañía endulzará por completo la esencia de esos lugares que quedarán para siempre anegados de tu demoledor encanto. Y podremos toparnos con infinidad de escollos antes de salir de ese sobrecogedor conducto o incluso perdernos dentro de su inmensidad, pero nada ni nadie cambiará todo aquello que vivimos hoy.

Porque qué más da lo que tenga que venir si no nos obsesionamos por atrapar cada fracción de milésima de segundo que vivamos. Ese es el principal ingrediente que enaltece un cóctel exquisito sin parangón, algo que desde tiempos inmemoriales se conoce por felicidad. Y algo tan mágico y de naturaleza tan indescriptible que ni el sopor ni la monotonía impuesta por el carácter álgido de la postmodernidad podrá sustituir por un sucedáneo. Aunque se empeñe incesantemente en ello.

Será sólo así cuando podremos analizar la inherencia y el carácter indescriptible de lo que fueron aquellos días, sólo porque nos empeñamos en exprimir hasta el último suspiro que pudimos disfrutar juntos. Y hacerlo con un instrumento de precisión astronómica: la perspectiva que otorga la experiencia. Sin aspavientos, ni cantos de sirenas. Dándolo todo, sin miedo a perder más de lo que no pudimos ganar. Mientras tanto, como el que no quiere la cosa, amanecimos abrazados por un cegador halo de luz, lo que fue la prueba fehaciente de que al final, sin darnos cuenta, salimos del túnel. Y lo hicimos de la manera más difícil: disfrutando el momento. Gracias.

@joseangelrios92

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