16 de febrero de 2016

Operación Pelícano 2, el despertar de la derecha


En 1993, la galardonada actriz estadounidense Julia Roberts protagonizó la película El informe pelícano, en la que una intrépida estudiante de derecho esbozaba una teoría acerca de los enigmáticos asesinatos de dos jueces de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Rosenberg y Jensen. Basada en la novela que John Grisman publicó en 1992, resulta curioso que el nombre de dicha cinta coincide con el de una operación ocurrida en las recámaras de la Transición Española que guarda inquietantes paralelismos con una situación que podría darse actualmente.

Tras la resaca por la aplastante victoria del PSOE en las elecciones generales de 1982, se hizo evidente la debacle de UCD de Adolfo Suárez, entonces liderado por Landelino Lavilla. La obtención de sólo 11 escaños sentenció la existencia de un partido muy personalista que desapareció, desembocando en la creación de CDS. La UCD representaba el espectro ideológico de la derecha española, dado que Suárez provenía del movimiento nacional. Un partido que representó la transición de una dictadura burocrático-militar hacia una monarquía parlamentaria o, dicho de otro modo, una democracia al más puro estilo occidental. Análogamente, mientras la derecha española, encarnada en UCD iba desinflándose, Alianza Popular de Manuel Fraga consiguió la nada desdeñable cantidad de 107 escaños, muchos de ellos procedentes de la radical Fuerza Nueva, y que los colocaba como la oposición al gobierno de Felipe González.

UCD fue un partido dinamitado desde adentro, debido en gran medida a la influencia de los militares, la amenaza de un inminente golpe de estado y las presiones llevadas a cabo por el mismísimo rey. Sería aquella la primera gran crisis de la derecha española. Una crisis que fue perpetrada deliberadamente para llevar a cabo una implosión controlada que acabaría con la UCD derrocada y con AP como principal estandarte de la derecha de España. El desmantelamiento de UCD fue orquestado desde las altas esferas de los poderes fácticos, con el objetivo de que los votantes fieles de Adolfo Suárez fueran a parar a Alianza Popular y se cohesionara la derecha española. En consecuencia, UCD desapareció como partido político en 1983 y Alianza Popular se renombraría como Partido Popular en 1989.

Dicho esto, la dimisión de Esperanza Aguirre como presidenta del Partido Popular madrileño no es un hecho que merezca ser analizado de forma aislada. Según se hacía eco el riguroso portal Financial Times, el destino que le depara a Mariano Rajoy y al Partido Popular es bastante turbio. La marca PP como el símbolo de la derecha de España está obsoleta y desfasada. Los ruborizantes casos de corrupción que asolan a la entidad de Génova han contribuido a que Esperanza Aguirre, una de sus principales ideólogas, haya decidido abandonar el barco antes de que este se hunda. Como las ratas.

En este contexto, Ciudadanos es gestado desde los grandes poderes financieros, con un programa económico trazado por la fundación FAES, calcado al del Partido Popular. La formación de Albert Rivera es concebida como una renovación de la derecha española y se postula como la marca blanca del PP, ideado con la clara intención de recabar todos los votantes desencantados del principal partido conservador. Y no es para menos. En este artículo, se explica cómo en 2013 el diputado por el Parlament Catalán, Manuel Villegas, defendía en el púlpito retirar la sanidad gratuita a los inmigrantes que no contaran con permiso de residencia.

Así pues, la evidencia indica que la corrupción desaforada ha anegado al Partido Popular. Mariano Rajoy podría haber perdido todo el respaldo político de los principales baluartes de la institución. Patrocinado por prestigiosos analistas políticos de diversa índole, así de tajante de reafirma el Financial Times: En un momento en el que sus rivales políticos se centran en las conversaciones sobre la formación del nuevo gobierno, el PP de Rajoy es sacudido por una ola de arrestos, revelaciones y dimisiones derivadas de la corrupción. 

Los rumores que circulan indican la existencia de un dossier elaborado por empresarios reunidos en Madrid donde se estaría programando destronar a Mariano Rajoy como figura principal del partido y apostar por un lavado de cara que podía caer en la figura de Soraya Sáenz de Santamaría. Todo ello sería un trasunto de la primera Operación Pelícano y que deja evidente una crisis endémica de la derecha actual española, cuyo principal beneficiado será Ciudadanos. Sólo así se explicaría un pacto con el PSOE, un partido que, teóricamente, guarda más afinidad ideológica con Podemos.

Paralelamente, diversos colectivos piden la ilegalización del Partido Popular, mientras la toxicidad ha enquistado por completo hasta el último rincón de Génova. Como se indicaba antes, es muy probable un posible pacto entre PSOE y Ciudadanos, con la abstención del Partido Popular, siempre y cuando se lleve a cabo la innegociable condición de servir la cabeza de Rajoy en una bandeja de plata. El objetivo de ese hipotético pacto gestado en diferido no sería otro que dilapidar la influencia de Podemos, formación que cuenta con la animadversión de Ángela Merkel, y mantener a Pablo Iglesias alejado de todo poder político. Llevar a cabo una segunda transición sin turbulencias y con una derecha refundada en torno a Ciudadanos constituiría un marco idóneo para una nueva Operación Pelícano y sería la prueba fehaciente de que en España los errores de la historia sólo sirven para volver a ser repetidos. 

Fuente: El Financial Times augura un oscuro futuro para Rajoy y el PP, sacudidos por la corrupción. (15/1/2016). Diario Público. Raúl del Pozo (18/9/2015). Un Informe Pelícano para derribar a Rajoy. Diario El Mundo.

@joseangelrios92

11 de febrero de 2016

Un hipster sale a cenar y no lo publica en redes sociales


Según pudo comprobar el siempre competente equipo de investigación de La poca razón, un reconocido miembro de la tribu urbana hipsturs modernitus, popularmente conocidos como hipsters o, modernito, en su variante diastrática de la zona sur de la meseta, hizo exactamente eso. Perico Barba Pasta salió a cenar con unos amigos al conocido restaurante gourmet de Sevilla, Bar Casa Paco, y no le hizo ninguna fotografía con su dispositivo móvil marca Apple, después de que ésta le fuera servida.

Atónitos y perplejos ante el hecho que acababan de observar, los reporteros de La poca razón que en ese momento se encontraban en Bar Casa Paco emborrachándose en horario laboral desconectando tras una ardua jornada de trabajo, se aproximaron al lugar de los hechos para comprobar en primera que no se trataba de una broma de mal gusto ni incluso de una dramática confusión. Perico, el afectado de tan dantesca noticia, manifestó ante los micrófonos: Iba a hacerle una foto a este suculento plato de gambas, jamón y patatas bravas, pero tenía mucha hambre y no quería que se me enfriase.

Los reporteros que en ese momento se encontraban en el perímetro de la zona tuvieron acceso para entrevistar a Paco, propietario y regente del famoso Bar Casa Paco, que dos meses atrás obtuvo su quinta estrella michelín. Perico es un cliente habitual y la verdad es que ni los demás camareros ni yo jamás habíamos presenciado un hecho así. Nos ha sorprendido bastante, ya que nunca escatima en tiempo para hacerle unas diez fotos a la comida y, tras aplicarle tres docenas de filtros, subirlas a las redes sociales, manifestó Paco, visiblemente afectado.

Adicionalmente, los amigos del damnificado también prestaron declaración ante nuestros compañeros: La verdad es que estamos bastante flipados, de hecho, pensaba en sugerirle veinte hashtags nuevos para etiquetar la foto, pero ni corto ni perezoso, nuestro amigo va y se come la comida, comentó Pere Gil, uno de ellos. El segundo acompañante prefirió mantener su identidad en el anonimato, de forma compresible para no recibir un aluvión de críticas por su inmovilismo tras haber presenciado tamaña desfachatez. Entre sollozos, comentó: Tú antes molabas, Perico. No sabemos qué te ha pasado. Aunque lo único que me reconforta es que no te hayas pedido espaguetis, así no se confunden con tu barba, manifestó.

@joseangelrios92

23 de enero de 2016

Pablo Iglesias confiesa que es fan de Gran Hermano


Pese a las cáusticas declaraciones de Pablo Iglesias el pasado año en las que aseguraba que el programa de televisión Gran Hermano le parecía deleznable, el secretario general de Podemos ha sorprendido a propios y extraños con sus nuevas confesiones. En ellas, no sólo asegura sin titubeos que no le disgusta el reality show, sino que además se declara fan incondicional de dicho espacio televisivo.

Gran Hermano me parece una absoluta maravilla, no me pierdo ninguna gala e incluso veo los resúmenes repetidos en internet, para seguir al tanto de todo lo que se cuece en la casa, confesaba el líder de Podemos. Preguntado por las declaraciones anteriores en las que criticaba ferozmente el reality show más longevo de España, Iglesias salía airoso de esta forma: Yo no he criticado en ningún momento a Gran Hermano, lo único que me molestó fue que se expulsara a los concursantes de la casa sin alternativa habitacional. Sólo eso.

A nivel más personal, el secretario general de Podemos confesó al equipo de investigación de La poca razón que en algún momento se había planteado hacer el cásting para entrar en la casa: Hace un par de años quise participar en Gran Hermano con Íñigo Errejón, pero en Telecinco me dijeron que no era posible, porque no aceptan a menores de edad en la casa, comentó el polémico político visiblemente indignado. Tanto me indigné con la dirección del programa que pensé en crear un partido político llamado Concursemos, pero voces malintencionadas afirmaron que estaba subvencionado por Nicolás Maduro y desestimé la idea, añadió Iglesias.

La entrevista al que fuera eurodiputado entre 2014 y 2015 finalizó con varias preguntas que dejaron entrever el futuro del líder de Podemos y la posibilidad de entrar a concursar en la casa en el futuro. En relación a ello, afirmó: Yo entraré encantado, siempre y cuando me nombren vicepresidente del confesionario. Además, no me gusta que Mercedes Milá hable con los concursantes a través de un plasma porque me recuerda a Rajoy. Para concluir, sentenció: Gran Hermano es una alegoría de la situación política actual, porque da igual si eres el que más conflictos creas dentro de la casa, que al final la gente te acabará votando.

19 de noviembre de 2015

Menos postureo y más implicación


Desde el sillón de mi casa, para variar, he estado siendo testigo de ciertas conductas unánimes acerca de lo acontecido en Francia éste infame viernes 13 y que ha traído no pocas consecuencias. Ante todo, mi respeto y solidaridad para todas las víctimas. Dicho eso, se me encendió la bombilla y quería dar mi pincelada sobre todo lo observado hasta ahora. Sí, desde el sillón de casa se puede tener empatía y conciencia, pero no hoy o cuando toca sino siempre. Ahora sabréis a qué me refiero.

No censuro ni condeno las muestras de apoyo y solidaridad con Francia. ¿Cómo voy a hacerlo? De hecho, soy de los primeros que no dudan en mostrar su apoyo a las víctimas tras uno de los peores actos que el ser humano pueda realizar. De hecho, tampoco condeno las muestras de empatía de personajes públicos y conocidos, pues es necesario el apoyo de esas personas para dar a conocer y concienciar al resto de la sociedad sobre todo lo que sucede. Toda muestra de humanidad ante la barbarie es necesaria, venga de donde venga, excepto lo que vengo a detallar a continuación.

Lo que sí censuro y condeno es la hipocresía y las múltiples incoherencias de gran parte de personas a las que todo ésto les ha resultado indiferente e, incluso, han estado a favor de lo que nos ha llevado a todo ésto. Recuerden que, hablando solo de París, el 11-S y el 11-M solo tocamos la punta del iceberg, pues las causas que nos ha llevado a experimentar éste monumento a la aberración de la acción humana son diversas. Por eso, me indigna como español (si puedo serlo, claro) que mi país mantenga relaciones con los mismos que han armado a los autores de esas atrocidades, así como países que han fomentado todo esto. Uno de ellos, por cierto, es Arabia Saudí, donde residía el ala más radical de ISIS si mal no recuerdo.

Si como ciudadano de un estado democrático me preguntaran si estoy a favor de la invasión de Irak y Afganistán o de repartirse la Libia de un antiguo amigo de Europa como es Gadaffi o que Francia y Reino Unido entre otros pongan gobiernos de paja prometiéndoles un macro estado árabe, obviamente, diría que no. Podrán buscarme trapos sucios, ya que es el precio que suele pagarse por ser sincero y contundente, pero de mis convicciones en éste sentido no encontrarán nada.

Por eso no me vale que se pongan banderas de Francia, Nigeria, Afganistán, Siria, Palestina y demás países víctimas de guerras continuas y diarias y que, si le preguntas antes de los atentados, se digan indiferentes con el resto de causas que han desembocado en un extremismo que se ha cobrado a bastantes inocentes ya, sea donde sea y sean de donde sean. No habré sido quien más haya hecho por evitar lo que está pasando, pero siempre me he pronunciado contrario a la guerra como para que haya tanta gente que venga a ponerse las medallas de pacifista cuando, por su silencio, han favorecido a lo que está pasando ahora.

¿Enfurecido? ¿molesto? ¿resentido? Posiblemente: por ver la línea entre la implicación y el postureo tan fina.

16 de noviembre de 2015

Hijos de puta


Hay momentos cuya naturaleza resulta tan sórdida que parecen no podernos afectar nunca. Algo tan cruel y despiadado como la tenebrosa ideología de la barbarie y la sinrazón nos evoca sensaciones tan desconocidas como, en algunos casos, propias de otra época. Son esos momentos que, por lejanos que parezcan y por invencibles que nos consideremos, pueden golpearnos, Y hacerlo de la forma más vil y deshumanizada que podamos concebir.

El mundo aún permanece herido en su corazón desde el pasado viernes. Las 128 víctimas del atentado de París han trastocado tanto el alma de todos nosotros como el el orgullo de la sociedad occidental. La vida de todas esas personas, jóvenes en su mayoría, se apagó para siempre al mismo tiempo que se encendía la desalentadora luz de un futuro francamente incierto que parece cernirse sobre nosotros con todo el peso de la venganza, la ira, la rabia, la impotencia y, por qué no decirlo, la justicia.

Acciones execrables como ésta o la del pasado mes de enero en el semanario satírico Charlie Hebdo nos han anunciado el rumbo desbocado que parece haber tomado la humanidad. Precisamente este mundo, en el que, con mayor o menor fortuna nos ha tocado vivir, ha recibido síntomas de que, por más que avance la ciencia, la tecnología o el pensamiento, hay cosas que nunca cambiarán: el conflicto. Es este conflicto, drama para muchos y opción de cambio para otros, lo que forma parte inherente de la historia, de cualquier sociedad y de nosotros mismos.

Es obvio que los instrumentos han cambiado y las formas de inferir daño han alzado cotas tan esnobistas como malignas. Si hace mil años, la manera de someter a una población se hacía a golpe de espadas y montados desde un caballo, evolucionaríamos para hacer exactamente lo mismo, esta vez blindados por la presurizada coraza de un tanque y con el argumento de la granada y la metralla como único diálogo. Y mientras cada vez accedemos a una parte de la historia con menos armas y más intereses económicos, a mayor ritmo aumenta el número de víctimas inocentes o, como gusta decir en los medios de comunicación, pérdidas civiles.

Francia ha sido golpeada en su corazón, de forma tan cruel e inefable como lo fue Estados Unidos en 2001, España en 2004 y Londres en 2005. Estos atroces atentados nos han evocado esa terrorífica sensación, típica de cuando ocurren hechos de semejante magnitud y que ha servido para recordarnos lo egoístas que somos los humanos. Hemos tenido que asistir al caos del terrorismo en el país vecino para conocer qué ocurre en el mundo de forma diaria, en Siria, Líbano o Palestina, para comprender de una vez por todas que el mundo no es el lugar tan idílico que podríamos creer.

Estremecidos, abatidos y cabizbajos, estamos ante el período más incierto de la historia reciente, un momento en el que cada detalle o cualquier decisión, por insignificante que parezca, puede cambiar drásticamente el destino de la humanidad, sin nada que nos haga vislumbrar un poco de esperanza. Resulta verdaderamente difícil presagiar el cariz que tomarán los acontecimientos. Paralelamente, Francia entona el Aux armes citoyens! para llevar a cabo un operativo militar, justo para unos, e igual de cruel para otros, sin haber terminado de llorar a las víctimas. 

Todos estos interrogantes sobre el rumbo que seguirá la humanidad en la época más convulsa de los últimos veinte años se entremezclan con otra duda mucho más inteligible: ¿Por qué ellos sí y nosotros no? ¿Estamos a salvo? No somos ni más altos, ni más guapos, ni más inteligentes. No hace falta ser mejor que nadie, porque realmente no existe nadie intocable. La pérdida de personas jóvenes, cargadas de ilusión y con toda la vida por delante, con aspiraciones y sueños como cualquiera de nosotros a manos de unos terroristas completamente mimetizados en nuestra sociedad, ha conseguido justamente lo que los integristas del ISIS pretenden: sembrar el terror entre nosotros. 

Sería aquella fatídica noche del 13 de noviembre la que se encargaría de enseñarnos que el drama, el horror y la barbarie pueden acecharnos en cualquier momento y arremeter contra nosotros con sus lúgubres garras y sus fatales consecuencias. Porque, una vez más, esa fría noche de otoño todos aprendimos que, aunque no lo sepamos, siempre nos encontramos en el borde del precipicio y que no hacemos otra cosa que desperdiciar el tiempo sin recordar que no somos inmortales. 

@joseangelrios92