3 de abril de 2016

La noticia es la velocidad


Hay veces en que la realidad se empeña en desmentirse y se nos convierte en auténtica literatura de ficción, como si pretendiera sorprendernos mostrándonos su predilección por los extrarradios de la razón en sus propios devaneos casi literarios. Entonces, como cualquier aficionado a la literatura, la propia realidad pareciera también lanzarse en busca de metáforas que nos digan – o nos desdigan- sobre cómo explicarnos a nosotros mismos.

La noticia está en todos los periódicos con un titular más o menos parecido: Cazado en Madrid a 297 hm/h un Porsche. Su conductor, un discapacitado sin carnet. Incluso en Diariomotor puede leerse la misma noticia con ribetes casi literarios: Era un día soleado, y una pareja de la Guardia Civil tenía instalado su radar camuflado en el kilómetro 4 de la autopista de peaje R4, entre Pinto y Parla. Lo que no podían imaginarse es que su turno iba a saldarse con lo que a todas luces es el mayor exceso de velocidad que han captado los radares de la Guardia Civil. En un instante, un Porsche pasaba a toda velocidad a su lado, tan rápido que apenas tuvieron tiempo de identificar con claridad el color. Cuando contemplaron el cinemómetro imagino que no darían crédito a lo que veían sus ojos, el radar había detectado a un Porsche 911 Carrera a 297 km/h.

Es así. La noticia es la velocidad, y convertida ya en metáfora, pareciera venir a querer contarnos cosas sobre lo que profundamente somos, trascendiendo así su condición de noticia para hablarnos sobre la propia condición humana. La velocidad es el signo de estos tiempos. Es lo que nos decimos cuando nos convertimos también en aficionados a filósofos y pretendemos explicar en un titular todo el entramado que anuda la complejidad de la sociedad y la época que nos ha tocado vivir. Somos velocidad y somos noticia y tanto una como la otra parecieran alejarnos precisamente de lo que somos. O quizás no

Hubo una vez en que el hombre debió sentirse interpelado por la lejanía y llegar lejos pudo ser desde siempre una de nuestras aspiraciones más profundas para fundar en torno a ello una épica que hemos venido alimentando a través de nuestros héroes en la literatura, el cine o las noticias. De la misma manera, la aventura de llegar lejos contiene en la otra cara de la misma moneda relatos que pudieran hablarnos de huidas que son también hacia adelante entre el vértigo y la incertidumbre; y en esas estamos.

A cada época, su épica; eso podríamos decir al pensar en cómo la velocidad se ha instalado como una de las formas más genuinas de nuestra cultura, aún sospechando de su oportunismo de venir como anillo al dedo a gran parte de la irracionalidad en la que parece fundarse algunos de sus presupuestos. Hablamos de velocidad que es distancia y es tiempo, también en nuestras vidas, donde la propia experiencia apenas tiene tiempo de ser algo más que la emoción momentánea que se superpone a la necesidad de otras nuevas y continuas experiencias y emociones. Hay que vivir intensamente -otro signo de los tiempos-; eso diríamos mientras de la misma manera se suceden las noticias que se superponen también continuamente, para ser y dejar de ser sustituida por la siguiente en los sucesivos titulares de periódicos y telediarios. Es la velocidad y es la noticia; y, si nos pusiéramos exquisitos, también pudiéramos decir que es la fugacidad como nuestro destino irreversible hacia el vacío.

A cada época, su épica; y quizás vivamos estos tiempos con el vértigo y la incertidumbre del comienzo de la experiencia del vacío de la épica, un vacío por deshumanización -otra forma de alejarse- que llena nuestras pantallas de extravagancias que se venden como ficción. Es entonces que la noticia de un Porsche cazado a 300 por hora, conducido por un discapacitado sin carnet, pareciera venir a rescatarnos desde muy adentro de nuestras rutinas cotidianas, que limitan al norte con la normalidad y la sociedad de consumo, y al sur con la desigualdad y la transgresión. Quizás sólo sea nuestra propia manera de reivindicar la épica, de rechazar el vacío de la épica en nuestras vidas. Por eso miramos la realidad buscando que nos sorprenda con guiños que son propios de la literatura que como siempre tiende a rizar el rizo entre aventuras y desventuras, entre héroes y antihéroes. Y en esas estamos.

Manuel Martín Correa.

7 de marzo de 2016

GAL: el Watergate español


La fallida investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno ha sido un proceso tan arduo y tedioso como previsible. Repleta de la típica expectación que suele conllevar, este clima ignoto nos sumerge en un océano desconocido de la historia de la política española. Un futuro incierto que supone la antesala de un terreno inexplorado de nuestra democracia, a merced del cual se encuentra el inmenso magma de la población. La formación de Pablo Iglesias acaparó todos los ecos mediáticos durante el debate de investidura al afirmar que Felipe González tiene, textualmente, las manos manchadas de cal viva, en referencia al truculento caso GAL.

Entre sonoros abucheos y pitidos por parte de la tribuna socialista, las duras críticas del líder de Podemos no han caído en saco roto. Parece evidente que el malogrado acuerdo entre Pedro Sánchez y Albert Rivera ha sido orquestado desde las altas cúpulas socialistas para evitar que Pablo Iglesias acceda a todo poder político. No obstante, la referencia del irreverente líder izquierdista a la guerra sucia, tristemente célebre en los años 80, no ha hecho más que abrir una herida en el corazón socialista que aún no había terminado de cicatrizar.

Pero, ¿qué sabemos a ciencia cierta de los GAL? ¿Realmente se trató de un tipo de terrorismo de estado? ¿Fue un plan instigado desde las altas esferas del gobierno para acabar con la actividad armada de ETA? Muchos son los comentarios, rumores y verdades que se han vertido acerca de ello. No obstante, lo único cierto sobre este controvertido tema es que se trata de uno de los asuntos más escabrosos, inconclusos y turbios de la historia reciente de nuestro país. O como muchos acuñaron, la segunda parte de la Guerra Civil.

A fin de contextualizar, después de la llegada de Felipe González al poder en 1982, ETA continuó convirtiendo las calles en un reguero de sangre. A sus víctimas, principalmente militares, policías y guardias civiles, pronto se sumaría un elevado número de personas civiles, con el objetivo de lograr la independencia del País Vasco. La dialéctica abertzale, básicamente compuesta de granada y metralla, asolaría las calles de España, dotando a la recién estrenada democracia de un halo de crispación y horror a partes iguales. De hecho, en 1980 el número de asesinados por parte de la organización terrorista alcanzaría la titánica cantidad de 93 muertos. Un Estado de Derecho, que había eclosionado tras más de 40 años de letargo, tendría que lidiar contra dos lacras de opuesto símbolo político que harían tambalear sus cimientos. 

Dicho esto, los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación) aparecieron en 1983 y comenzaron a practicar lo que se denominó guerra sucia. En esencia, se trataba de comandos parapoliciales, principalmente compuestos por agentes corruptos, el Batallón Vasco-Español, la Triple A, ATE (Anti Terrorismo ETA), la extrema derecha, sicarios, mercenarios y altos mandos policiales de la vieja guardia. Perpetraron crímenes contra etarras, concejales de Batasuna y simpatizantes del entorno abertzale. Sus víctimas eran secuestradas, torturadas y enterradas en cal viva.

Paralelamente, los rumores acerca de que los GAL eran una forma de terrorismo de Estado empezaron a recorrer todo el país, mientras los etarras eran considerados refugiados políticos en Francia y no eran castigados allí ni serían extraditados a España si no cometían atentados. Lugares limítrofes como Hendaya, Bayona y San Juan de Luz constituyeron fortines estratégicos donde los miembros de la organización terrorista vasca eran considerados refugiados políticos. Los GAL mataron a unas 30 personas, muchas de ellas sin relación alguna con ETA. En relación a ello, acaparó bastante revuelo mediático el caso de Segundo Marey, un ciudadano vasco-francés, trabajador de una cooperativa perteneciente a ETA, aunque ajeno a dicho ambiente terrorista. Marey, de 51 años, era hijo de un exiliado socialista francés y fue secuestrado y torturado por los GAL, por confusión al ser confundido con un etarra al que pretendían secuestrar.

Ni que decir tiene que la ingente mayoría de los ideólogos de los GAL eran dirigentes policiales procedentes del franquismo. Tras la victoria de los reformistas en detrimento de los rupturistas en la Transición, el cuerpo de policías franquistas fue reciclado, lo que derivó en una democratización mimetizada de los cuerpos de seguridad y fuerzas del Estado. Mandatarios como el inspector José Amedo serían uno de los principales artífices de los GAL. Otros destacados miembros de la Brigada Político Social, lo que básicamente era la Gestapo de Franco, camparon a sus anchas para tomarse la justicia por su mano, sirviéndose de dinero público y privando a la Constitución de toda legitimidad política y jurídica.

Los GAL constituyeron la institucionalización de numerosos colectivos armados cuya principal tarea era erradicar a miembros de ETA en los años posteriores a la muerte de Franco. José Miguel Argala, uno de los eterras involucrados en el asesinato del almirante Luis Carrero Blanco en 1973, sucesor natural del dictador, sería asesinado en Anglet por el Batallón Vasco Español el 21 de diciembre de 1978, cinco años y un día después de que el presidente del gobierno saltara por los aires. Posteriormente, dicha banda parapolicial, aunada con demás sicarios independientes, pasaría a denominarse GAL. Sería el primer crimen reivindicado por el terrorismo de estado en un reguero de sangre que se prolongaría durante los años 80.

Pocos periodistas se atrevieron a investigar a los GAL y los que lo hicieron llegaron prácticamente a las cloacas del Estado. Las comparaciones con el famoso Watergate, que acabaría con la dimisión del presidente de Estados Unidos, Richard Nixon en 1974 por escuchas ilegales al partido demócrata, no se hicieron esperar. Las analogías entre ambos casos serían más que evidentes. En tanto que el caso norteamericano supondría la piedra angular del periodismo de investigación, en el caso español, las trabas impuestas incluso desde estratos políticos superiores al Gobierno impidieron que la verdad saliera a la luz antes. Otros, en cambio, afirmarían que todo el asunto era un invento de la oligarquía vasca y de los grandes empresarios euskeras para eliminar a ETA, quienes personificaban su principal facción enfrentada. Sería el periódico El Mundo y Diario 16 quienes finalmente destaparían toda la verdad acerca de los GAL en 1987, al publicar datos acerca de su formación, financiación y principales responsables. Irónicamente, este movimiento relacionado con la extrema derecha fue financiado por las autoridades del PSOE, un partido teóricamente de izquierdas.

Finalmente, el ministro de Interior socialista José Barrionuevo y Rafael Vera, secretario de Estado para la Seguridad del Gobierno de España, serían condenados ya en los años 90. La implicación del ministro de Defensa, Narcís Serra, y la del presidente del gobierno, Felipe González, jamás sería demostrada legalmente dentro del entramado del sórdido caso GAL. Serra dejaría la cartera del Ministerio de Defensa para pasar a la vicepresidencia del Gobierno en 1991. El ministro socialista Barrionuevo sería condenado en 1998 a diez años de prisión y a doce de inhabilitación politica por el secuestro de Segundo Marey, además de malversación de caudales públicos. Dicha condena sería indultada parcialmente por el gobierno de José María Aznar. Toda esta trama de corrupción política afectaría significativamente al ejecutivo de Felipe González, que perdería las elecciones generales de 1996. Barrionuevo no cumpliría ni un tercio de su pena privativa de libertad. Así se gestó todo el entramado de los GAL, uno de los episodios más vergonzosos y menos conocidos de la historia moderna de nuestro país.

16 de febrero de 2016

Operación Pelícano 2, el despertar de la derecha


En 1993, la galardonada actriz estadounidense Julia Roberts protagonizó la película El informe pelícano, en la que una intrépida estudiante de derecho esbozaba una teoría acerca de los enigmáticos asesinatos de dos jueces de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Rosenberg y Jensen. Basada en la novela que John Grisman publicó en 1992, resulta curioso que el nombre de dicha cinta coincide con el de una operación ocurrida en las recámaras de la Transición Española que guarda inquietantes paralelismos con una situación que podría darse actualmente.

Tras la resaca por la aplastante victoria del PSOE en las elecciones generales de 1982, se hizo evidente la debacle de UCD de Adolfo Suárez, entonces liderado por Landelino Lavilla. La obtención de sólo 11 escaños sentenció la existencia de un partido muy personalista que desapareció, desembocando en la creación de CDS. La UCD representaba el espectro ideológico de la derecha española, dado que Suárez provenía del movimiento nacional. Un partido que representó la transición de una dictadura burocrático-militar hacia una monarquía parlamentaria o, dicho de otro modo, una democracia al más puro estilo occidental. Análogamente, mientras la derecha española, encarnada en UCD iba desinflándose, Alianza Popular de Manuel Fraga consiguió la nada desdeñable cantidad de 107 escaños, muchos de ellos procedentes de la radical Fuerza Nueva, y que los colocaba como la oposición al gobierno de Felipe González.

UCD fue un partido dinamitado desde adentro, debido en gran medida a la influencia de los militares, la amenaza de un inminente golpe de estado y las presiones llevadas a cabo por el mismísimo rey. Sería aquella la primera gran crisis de la derecha española. Una crisis que fue perpetrada deliberadamente para llevar a cabo una implosión controlada que acabaría con la UCD derrocada y con AP como principal estandarte de la derecha de España. El desmantelamiento de UCD fue orquestado desde las altas esferas de los poderes fácticos, con el objetivo de que los votantes fieles de Adolfo Suárez fueran a parar a Alianza Popular y se cohesionara la derecha española. En consecuencia, UCD desapareció como partido político en 1983 y Alianza Popular se renombraría como Partido Popular en 1989.

Dicho esto, la dimisión de Esperanza Aguirre como presidenta del Partido Popular madrileño no es un hecho que merezca ser analizado de forma aislada. Según se hacía eco el riguroso portal Financial Times, el destino que le depara a Mariano Rajoy y al Partido Popular es bastante turbio. La marca PP como el símbolo de la derecha de España está obsoleta y desfasada. Los ruborizantes casos de corrupción que asolan a la entidad de Génova han contribuido a que Esperanza Aguirre, una de sus principales ideólogas, haya decidido abandonar el barco antes de que este se hunda. Como las ratas.

En este contexto, Ciudadanos es gestado desde los grandes poderes financieros, con un programa económico trazado por la fundación FAES, calcado al del Partido Popular. La formación de Albert Rivera es concebida como una renovación de la derecha española y se postula como la marca blanca del PP, ideado con la clara intención de recabar todos los votantes desencantados del principal partido conservador. Y no es para menos. En este artículo, se explica cómo en 2013 el diputado por el Parlament Catalán, Manuel Villegas, defendía en el púlpito retirar la sanidad gratuita a los inmigrantes que no contaran con permiso de residencia.

Así pues, la evidencia indica que la corrupción desaforada ha anegado al Partido Popular. Mariano Rajoy podría haber perdido todo el respaldo político de los principales baluartes de la institución. Patrocinado por prestigiosos analistas políticos de diversa índole, así de tajante de reafirma el Financial Times: En un momento en el que sus rivales políticos se centran en las conversaciones sobre la formación del nuevo gobierno, el PP de Rajoy es sacudido por una ola de arrestos, revelaciones y dimisiones derivadas de la corrupción. 

Los rumores que circulan indican la existencia de un dossier elaborado por empresarios reunidos en Madrid donde se estaría programando destronar a Mariano Rajoy como figura principal del partido y apostar por un lavado de cara que podía caer en la figura de Soraya Sáenz de Santamaría. Todo ello sería un trasunto de la primera Operación Pelícano y que deja evidente una crisis endémica de la derecha actual española, cuyo principal beneficiado será Ciudadanos. Sólo así se explicaría un pacto con el PSOE, un partido que, teóricamente, guarda más afinidad ideológica con Podemos.

Paralelamente, diversos colectivos piden la ilegalización del Partido Popular, mientras la toxicidad ha enquistado por completo hasta el último rincón de Génova. Como se indicaba antes, es muy probable un posible pacto entre PSOE y Ciudadanos, con la abstención del Partido Popular, siempre y cuando se lleve a cabo la innegociable condición de servir la cabeza de Rajoy en una bandeja de plata. El objetivo de ese hipotético pacto gestado en diferido no sería otro que dilapidar la influencia de Podemos, formación que cuenta con la animadversión de Ángela Merkel, y mantener a Pablo Iglesias alejado de todo poder político. Llevar a cabo una segunda transición sin turbulencias y con una derecha refundada en torno a Ciudadanos constituiría un marco idóneo para una nueva Operación Pelícano y sería la prueba fehaciente de que en España los errores de la historia sólo sirven para volver a ser repetidos. 

Fuente: El Financial Times augura un oscuro futuro para Rajoy y el PP, sacudidos por la corrupción. (15/1/2016). Diario Público. Raúl del Pozo (18/9/2015). Un Informe Pelícano para derribar a Rajoy. Diario El Mundo.

@joseangelrios92

11 de febrero de 2016

Un hipster sale a cenar y no lo publica en redes sociales


Según pudo comprobar el siempre competente equipo de investigación de La poca razón, un reconocido miembro de la tribu urbana hipsturs modernitus, popularmente conocidos como hipsters o, modernito, en su variante diastrática de la zona sur de la meseta, hizo exactamente eso. Perico Barba Pasta salió a cenar con unos amigos al conocido restaurante gourmet de Sevilla, Bar Casa Paco, y no le hizo ninguna fotografía con su dispositivo móvil marca Apple, después de que ésta le fuera servida.

Atónitos y perplejos ante el hecho que acababan de observar, los reporteros de La poca razón que en ese momento se encontraban en Bar Casa Paco emborrachándose en horario laboral desconectando tras una ardua jornada de trabajo, se aproximaron al lugar de los hechos para comprobar en primera que no se trataba de una broma de mal gusto ni incluso de una dramática confusión. Perico, el afectado de tan dantesca noticia, manifestó ante los micrófonos: Iba a hacerle una foto a este suculento plato de gambas, jamón y patatas bravas, pero tenía mucha hambre y no quería que se me enfriase.

Los reporteros que en ese momento se encontraban en el perímetro de la zona tuvieron acceso para entrevistar a Paco, propietario y regente del famoso Bar Casa Paco, que dos meses atrás obtuvo su quinta estrella michelín. Perico es un cliente habitual y la verdad es que ni los demás camareros ni yo jamás habíamos presenciado un hecho así. Nos ha sorprendido bastante, ya que nunca escatima en tiempo para hacerle unas diez fotos a la comida y, tras aplicarle tres docenas de filtros, subirlas a las redes sociales, manifestó Paco, visiblemente afectado.

Adicionalmente, los amigos del damnificado también prestaron declaración ante nuestros compañeros: La verdad es que estamos bastante flipados, de hecho, pensaba en sugerirle veinte hashtags nuevos para etiquetar la foto, pero ni corto ni perezoso, nuestro amigo va y se come la comida, comentó Pere Gil, uno de ellos. El segundo acompañante prefirió mantener su identidad en el anonimato, de forma compresible para no recibir un aluvión de críticas por su inmovilismo tras haber presenciado tamaña desfachatez. Entre sollozos, comentó: Tú antes molabas, Perico. No sabemos qué te ha pasado. Aunque lo único que me reconforta es que no te hayas pedido espaguetis, así no se confunden con tu barba, manifestó.

@joseangelrios92

23 de enero de 2016

Pablo Iglesias confiesa que es fan de Gran Hermano


Pese a las cáusticas declaraciones de Pablo Iglesias el pasado año en las que aseguraba que el programa de televisión Gran Hermano le parecía deleznable, el secretario general de Podemos ha sorprendido a propios y extraños con sus nuevas confesiones. En ellas, no sólo asegura sin titubeos que no le disgusta el reality show, sino que además se declara fan incondicional de dicho espacio televisivo.

Gran Hermano me parece una absoluta maravilla, no me pierdo ninguna gala e incluso veo los resúmenes repetidos en internet, para seguir al tanto de todo lo que se cuece en la casa, confesaba el líder de Podemos. Preguntado por las declaraciones anteriores en las que criticaba ferozmente el reality show más longevo de España, Iglesias salía airoso de esta forma: Yo no he criticado en ningún momento a Gran Hermano, lo único que me molestó fue que se expulsara a los concursantes de la casa sin alternativa habitacional. Sólo eso.

A nivel más personal, el secretario general de Podemos confesó al equipo de investigación de La poca razón que en algún momento se había planteado hacer el cásting para entrar en la casa: Hace un par de años quise participar en Gran Hermano con Íñigo Errejón, pero en Telecinco me dijeron que no era posible, porque no aceptan a menores de edad en la casa, comentó el polémico político visiblemente indignado. Tanto me indigné con la dirección del programa que pensé en crear un partido político llamado Concursemos, pero voces malintencionadas afirmaron que estaba subvencionado por Nicolás Maduro y desestimé la idea, añadió Iglesias.

La entrevista al que fuera eurodiputado entre 2014 y 2015 finalizó con varias preguntas que dejaron entrever el futuro del líder de Podemos y la posibilidad de entrar a concursar en la casa en el futuro. En relación a ello, afirmó: Yo entraré encantado, siempre y cuando me nombren vicepresidente del confesionario. Además, no me gusta que Mercedes Milá hable con los concursantes a través de un plasma porque me recuerda a Rajoy. Para concluir, sentenció: Gran Hermano es una alegoría de la situación política actual, porque da igual si eres el que más conflictos creas dentro de la casa, que al final la gente te acabará votando.