15 de enero de 2015

Podemos quitará la Navidad


Si Podemos ganase las próximas elecciones generales y Pablo Iglesias llegara al Gobierno, es muy posible que las navidades de 2014/2015 hayan sido las últimas celebradas en España. A la polémica suscitada por Begoña Gutiérrez sobre la Semana Santa en Sevilla, se suma esta propuesta del líder de Podemos. La navidad es una fiesta católica que representa a una institución represora que ha perpetrado grandes atrocidades a lo largo de la historia, comentaba el secretario general de Podemos.

En caso de salir adelante, los días navideños pasarán a ser lectivos, se trabajará en nochebuena, navidad, nochevieja, año nuevo y día de Reyes. Por su parte, la festividad de Reyes desaparecerá, dado el carácter republicano del partido liderado por Iglesias. Los gastos en regalos de los monarcas de Oriente pasarán a ser evaluados en una auditoría pública con carácter urgente para desembolsar esas ingentes cantidades de dinero en las polvorientas arcas del Estado. Para compensar las pérdidas, los Reyes Magos recibirán la ayuda económica de 600 euros mensuales, al estar en paro. Juan Carlos Monedero, secretario de Proceso Constituyente y Programa de Podemos, comentaba entre risas: Eliminar la Navidad de nuestra sociedad tendrá consecuencias positivas, ya no tendremos que aguantar a nuestro cuñado en las cenas de nochebuena.

Asimismo, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, matizó más en profundidad su incendiaria decisión: La Navidad representa la filosofía consumista y la esencia elitista del capitalismo, así como el nacimiento de un mesías con el pelo largo que, francamente, intentaba imitar mi look, aunque Jesucristo no compraba en el Mercadona. Estas palabras han sido duramente criticadas por el Partido Popular y el Partido Socialista que, misteriosamente, no han tardado en comparar a Podemos con Cuba y el régimen bolivariano de Venezuela. Así de rotundo se manifestaba Pedro Sánchez, secretario general del PSOE: España en 10 años será Cuba, luego Estados Unidos nos bloqueará internacionalmente, Lenin se levantará de la tumba, le mandará un WhatsApp a Pablo Iglesias, pondrá misiles en la base militar de Rota apuntando a Berlín y la juventud sólo hará botellón con ron Legendario. De ser cierto, seguro que la posibilidad de eliminar la Semana Santa parecerá una broma al lado de esto...

Nota: El presente artículo es, evidentemente, de broma. Es conveniente aclararlo por si alguien, en un titánico arrebato de inteligencia, se lo ha creído. Soy cabrón pero no tanto.

@joseangelrios92

24 de diciembre de 2014

¿Instagram? No, gracias


Hace poco una amiga me preguntó si tenía Instagram y mi respuesta fue clara: No, Dios me libre. Las redes sociales simbolizan el futuro y el futuro simboliza el progreso. Pero en el caso de Instagram no. No me hace ilusión registrarme en una red social que tiene nombre de empresa cuyo nombre parece que reparte droga de forma rápida. ¿Alguien le ve la utilidad a Instagram? ¿Realmente sirve para algo? Además de para fardar y fanfarronear, me refiero.

Instagram es la red social del postureo. ¿A santo de qué la gente le haría una foto a su tarta Red Velvet Cake con chocolate y editada con catorce filtros? La continua proliferación de smartphones con aplicaciones y cámara integrada ha creado una necesidad que hace años era inconcebible. Hacer fotos a la comida porque, si no lo haces, no eres guay. Lógica aplastante. Últimamente parece que, si vas a un sitio y no te haces doscientas mil fotos para que todo el mundo sepa que has estado allí, es como si no hubieras estado. En definitiva, las redes sociales nos hacen subnormales.

Instagram me recuerda a la asignatura de Música del instituto: aún no le he visto utilidad. WhatsApp ha revolucionado la mensajería instantánea, permitiéndonos comunicarnos por sólo 0,89€ de forma gratuita, Twitter nos mantiene informados y se puede usar de microblogging y Facebook es para exhibirnos, reivindicarnos y comunicarnos, pero ¿Instagram para qué coño sirve? Por cierto, si eres una tía buena y tienes 2.000 likes por minuto, enhorabuena. Has encontrado tu red social.

El tema de los likes merece capítulo aparte. En Instagram con menos de 50 likes no eres nadie. ¿Y cómo conseguirlos? Muy sencillo: atiborrando de hashtags todas las fotos. O sea, que cuando subas una foto súper sexy, si quieres que la vea todo el mundo, has de poner los hashtags: #instamoment, #instapic, #instacool, #picoftheday e #instacarajote. En resumidas cuentas, las redes sociales son como una gran fiesta a la que hay que ir para estar a la última y no ser obsoleto. Pero Instagram es como llegar a la fiesta a las 6 de la mañana, cuando todos están borrachos y tus padres a punto de volver a casa. Será mejor concluir aquí, que me acaba de llegar una notificación a Instagram y no quepo en mí de la emoción.

14 de diciembre de 2014

La otra cara de la moneda


Hace tiempo, tras discutir de política con un viejo compañero del colegio, acabó diciéndome algo así como que "estudiando una carrera, tú tienes más formación que yo". Esta persona, de la cual prefiero conservar su anonimato, retomó sus estudios tras un tiempo. A ésto, yo le respondí que "pues para tener mejor formación, tus argumentos y tu forma de debatir son muy buenas".

Recordando ésto, me hizo querer compartir con vosotros una idea o un pensamiento al respecto y es que, no por tener más estudios, por estudiar en más universidades o tener acceso a más conocimiento, te hace superior intelectualmente a otra persona que, por contra, no tenga esa oportunidad. Recuerdo una frase de Ernesto "El Ché" Guevara que dice así: "un pueblo ignorante es un pueblo fácil de engañar". La recuerdo porque es lo que parece querer hacer actualmente el partido del gobierno desde su Ministerio: más pan y circo. Personas como esta de la que os he hablado no pasa por el aro y hace inútil ésta estrategia, pues prevalece su sentido crítico antes que la moto que Joselito Wert nos quiera vender.


Llegados a éste punto, me viene a la mente reflexionar sobre un tipo de personas. Estando en un país que supera los 6 millones de parados, hay quien dice que somos la generación más preparada, que tenemos sobrecualificación. Pero, ¿y la otra cara de la moneda?

Sí, existe. No por envidiar a esas personas que tienen trabajo, al contrario, les felicito y expreso mi deseo de unirme a ellos. Pero por desgracia, existe parte de ese colectivo que, por el contrario, pese a haber engrosado el currículum (o no) con nombres de prestigiosos centros de estudios o de aparentar gozar de ingentes conocimientos, no son personas aptas para el puesto que desempeñan.

Por poner ejemplos, aquella persona que trabaja de cara al público y cuyo carácter es frío y seco, a lo que parece pagar su frustración con el cliente sin darle las respuestas que éste venía a buscar. O esas personas a quienes les encargan un puesto que se rige con principios de legalidad cuando resulta ser alguien que se aprovecha de las normas a su conveniencia.

Sí, ese tipo de personas que ocupan un puesto sin aptitud para el mismo mientras tú, lector o lectora, estás sin trabajo. De no ser así, me alegro mucho por tí. Como dije antes, no es envidia, sino una crítica hacia aquel colectivo que menos crítica recibe. Casi siempre, quien se lleva este tipo de críticas son los funcionarios cuando hay de todo un poco en la función pública, pero esa es otra historia.

También he escuchado que, la mayor fuente de riqueza de un pueblo reside en sus trabajadores, en la materia prima humana... De ahí esta reflexión acerca de quien conserva su trabajo sin trabajar como realmente se exige. Obviamente, las condiciones laborales a escena serán otras, pero creo que viene bien darle una vuelta de tuerca a algo en lo que no solemos caer.

Como siempre, espero sus respuestas, de forma crítica y con el debido respeto. Espero, por tanto, sus impresiones y correcciones si he errado en algo. Cualquier duda, sugerencia u opinión es bienvenida.

12 de diciembre de 2014

Hitler murió en 1996 y se casó con una brasileña


Según ha podido constatar nuestro equipo de investigación, el dictador alemán Adolf Hitler sí escapó a la entrada de la Unión Soviética en el búnker de Berlín y sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial. Al parecer, altos funcionarios nazis eran conscientes del declive alemán y no auguraban muy buenos presagios para el futuro del III Reich. Cuando la derrota era más que evidente, varios científicos nazis, liderados por Josef Mengele, idearon una estrategia para salvar al dictador.

Crearon un cohete en colaboración con el Imperio de Japón y, tras arduas negociaciones con Hitler, el líder del Partido Nazi fue convencido para montarse a bordo. Según testimonios de varios oficiales de alto rango de las SS y la Gestapo, el proceso no fue nada sencillo: Ha sido difícil, pero al fin nuestro Führer se ha decidido. Sobre todo, porque este fin de semana juega el Real Madrid contra Las Palmas y había puesto un 1 en la quiniela. Una vez a bordo del artefacto, el Führer se ha sentido muy cómodo, puesto que la ingravidez del cohete hizo disimular su más que evidente Parkinson. ¿El destino de la nave espazial? Nada menos que Marte.

Hitler fue a Marte poco antes de que Alemania perdiera la Segunda Guerra Mundial. Según el comandante Hermann Göring de la Luffwaffe, el destino del transbordador no ha sido del agrado de Adolf Hitler. Al Führer no le ha gustado en absoluto tener que huir con el rabo entre las piernas al planeta rojo, porque piensa que los soviéticos le tenderán una emboscada nada más aterrizar, sentenció. Allí le acompañaría el coronel Hans Landa de las SS, que aún se está recuperando de la esvástica que Brad Pitt le grabó en la frente. Diversos rotativos de tirada mundial se han hecho eco de este rumor, aderezado con tinte conspiranoico, con el atrevido titular: Hitler va a Marte y Hitler va amarte.

En investigaciones posteriores del equipo de La poca razón se ha podido saber que Adolf Hitler permaneció 30 años en Marte preparando su retorno a la Tierra con la intención de instaurar el IV Reich. Al hacerlo, cambió la marca de los uniformes Hugo Boss de las SS por la de los modistos sevillanos Victorio y Lucchino, a los que admira profundamente. Al volver a la Tierra en 1975, el Führer se enteraría de la muerte del dictador Francisco Franco, viejo compañero de aventuras en Hendaya. El ex-canciller alemán declaró: Me llena de tristeza y abatimiento la muerte de un compañero, aunque siempre me hizo gracia su voz de pito.

Después de todo ello, Adolf Hitler tomó un submarino hacia Brasil y estableció allí su residencia. Sería entonces cuando conocería a una bella brasileña de color con la que se casaría y con la que tendría dos hijos. Finalmente, el ex-dictador falleció en 1996, poco después de la llegada del Partido Popular al poder en su primera legislatura. Tenía 107 años. Muy debilitado por las esquirlas, Hitler diría en su lecho de muerte: Me indigna de una manera colosal la llegada de estos fascistas al poder en una nación hermana como España. Es lamentable su programa electoral. Ah no, que no tienen.

@joseangelrios92

10 de diciembre de 2014

El Tuenti se nos rompió de tanto usarlo


Casi nueve años después de su creación, Tuenti sigue ahí, más muerto que vivo. Actualmente, el Tuenti es como el culo: sabemos que está ahí, pero nunca lo vemos. Tómate esto, si quieres, como un epitafio póstumo. Porque, afrontémoslo, no queremos borrar nuestra cuenta porque seguimos aferrados a nuestro pasado, a nuestra gloriosa época cani y a esos tiempos en los que lo primero que hacíamos al llegar del instituto, era mirar el dichoso Tuenti. Porque no puedes ocultarlo, esa foto que te hiciste con 16 años en la que intentas tomarte un cubata por la oreja sigue ahí. Y lo sabes. 

Tuenti se llama así porque no hay nadie mayor de esa edad. Tuenti, twenty, o sea, veinte en inglés. Por si no sois del plan Bolonia o eres alcaldesa de Madrid. Su funcionamiento era más fácil que el mecanismo de un sonajero. Cuantas más visitas, amigos o fotos etiquetadas, más molabas. Y no había vuelta de hoja. Era así y punto. Lógica aplastante, dicho sea de paso.  Porque todos hemos cambiado. Cuando había que estudiar para selectividad, uno abría el ordenador, una cosa llevaba a la otra y siempre acabábamos en el Tuenti. Bueno, ahora miramos el Facebook, o Twitter, o WhatsApp. Joder, pues no hemos cambiado tanto...

Porque pasábamos más tiempo en el perfil de la persona que nos gustaba que en el nuestro propio. Así, maldecíamos al que le había dejado el comentario o al que le había puesto un XDD en vez de un XD. Porque esperábamos su mensaje como el preso que espera la libertad condicional. Luego nos hablaban, nos poníamos muy contentos pensando que era esa persona, pero resultaba que al final era nuestro amigo pasándonos un vídeo en el que un tío se cae de un columpio. Porque nos llevábamos veinte minutos pensando cómo hablarle por el chat, si un holaa, un holaa!, un holaaaaa, o simplemente Hola. Luego abríamos la ventanita de chat para hablarle y se desconectaba.

Porque no había nada en el mundo que nos llenara más de ilusión que las letras verdes de notificación. Y si era una petición de amistad, reíamos pensando cómo molábamos, aunque en el fondo siguiéramos siendo los mismos gilipollas de siempre. Las peticiones de amistad eran un mundo propio. Elaboradas, medidas con una métrica alejandrina milimétrica y rubricadas por el mismo Quevedo, podías saber cómo le caías a la otra persona según el número de A en el Hola. Evidentemente, no era lo mismo un Holaaaa! con carita feliz al final y todo, que un triste Ola. Porque el fin del mundo llegaba cuando alguien te borraba, algo que evidenciaba nuestra madurez. Por esas personas que te agregaban y luego ni te hablaban. Otra prueba de la madurez de algunos.

Porque Tuenti nos hizo olvidar el Messenger y luego WhatsApp se consumó su venganza. Porque todo eran risas hasta que la notificación de turno era un triste evento. Y luego resulta que el evento era una cadena. Y cómo no tuvieras la osadía de enviárselo a 4000 personas en menos de un minuto, el ostracismo más tenebroso te subyugaría con sus lúgubres garras. Porque todos sabemos que los eventos para ver quién visitaba tu perfil eran mentira. No funcionaban. Pero siempre los pasábamos, porque la esperanza es lo último que se pierde. Y en Madrid gobernó casi nueve años...

Porque Tuenti es como Ana Obregón: aunque intente mejorar artificialmente, ha empeorado con los años. Molaba el antiguo, el de las letras verdes, el de No has cambiado tu estado en una semana, algo interesante habrás hecho. La última actualización de Tuenti ha evidenciado su declive. Porque la gente ha preferido pasarse a Facebook, en vez de usar algo que es una copia descarada de Facebook. Porque ya sólo quedan niñatos y niños chicos cuando antes habían... niñatos y niños chicos. Porque algunos, los más viejos del lugar como yo, sólo nos metemos para ver cuánto saldo nos queda en el móvil. Porque se te hacía un nudo marinero en la boca del estómago cuando te pasaban el evento viral que nos amenazaba con que Tuenti se iba a convertir de pago. Aunque si eras del PP, como que te la sudaba...

Porque atrasábamos nuestro cumpleaños para que la gente nos felicitara. Sí, a la mitad no los conocíamos, pero siempre molaba que te felicitaran, aunque fuera la quinta vez en el mes que lo hicieran. Porque si hacías el esfuerzo de estar más de un día sin meterte, te esperabas ver quinientas notificaciones, pero ninguna de la persona que te gustaba. Qué más daba si te quedaban todas las asignaturas pero le habías dado una paliza a tu amigo en el juego de las ranitas que cruzaban la calle. Porque habías convertido tu cuarto de baño en un estudio fotográfico, aunque se te olvidara quitar el papel higiénico de atrás. Porque en esa época no se llamaba selfie, sino foto tuenti o, si molaba de verdad, foto princi.

Porque Tuenti es como el primer amor: intenso al principio y doloroso en la ruptura. Porque nos ha dado mucho, pero no dura para toda la vida. En fin, Tuenti, gracias por amenizarme la adolescencia. Siempre supe que eras como la asignatura de Educación plástica y visual: sabía que no valía para nada, pero siempre molaba tenerla para perder una hora.

@joseangelrios92