1 de junio de 2018

La moción de la dignidad


El 1 de junio de 2018 será recordado como una jornada para el recuerdo de la historia política reciente. El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez se ha convertido en el séptimo presidente del gobierno español, después de que haya prosperado la moción de censura llevada a cabo por el grupo parlamentario socialista en apoyo de los 180 votos —diez más de los que obtuvo Mariano Rajoy en su investidura— de Unidos Podemos, Compromís, PDeCAT, ERC, Bildu y PNV, con el objetivo de desalojar de la Moncloa a Mariano Rajoy y a todo el Ejecutivo popular. 

La causa primordial de la moción ha sido la sentencia condenatoria de la trama Gürtel, en la que la sala de lo penal de la Audiencia Nacional prueba de manera incontrovertible la existencia de una contabilidad paralela de la que el Partido Popular se enriqueció a título lucrativo desde 1989 —cabe recordar que el Partido Popular se fundó en 1988, sobre la extinta Alianza Popular, partido fundado por ex-ministros del franquismo—. Todo ello ha generado un tsunami político abrumador que ha sido determinante a la hora de buscar un consenso entre los grupos parlamentarios que forman el hemiciclo, con la intención liderar un gobierno de corte progresista que finalice la legislatura y pueda llevar a cabo los diversos compromisos que la agenda social del país requiere y que la formación de Génova ha bloqueado durante los sórdidos siete años de la era Rajoy. Una sórdida etapa en la que el abanico de políticas ha oscilado desde la condecoración policial a torturadores fascistas como Billy el Niño, al saqueo desaforado de la las pensiones, los desahucios y la represión sin alternativa de diálogo en Cataluña.

Lejos de las informaciones vertidas por los sectores más casposos de la derecha cavernaria, el fin del gobierno celeste constituye una óptima noticia en cuanto a recuperación de la vida democrática, la independencia del Poder Judicial, la derogación de leyes restrictivas de derechos fundamentales como la llamada Ley Mordaza, el saneado generalizado de RTVE, la recuperación de la memoria histórica y la erradicación sistemática de la corrupción estructural que ha parasitado las instituciones públicas. Asimismo, Sánchez ha logrado cerrar filas en torno a su figura y concitar los apoyos necesarios para que los distintos grupos parlamentarios hayan retirado la confianza a Mariano Rajoy a favor del partido socialista

El voto negativo de Ciudadanos, principal bastón del ya finiquitado gobierno y nueva opción para una derecha que no quedará huérfana si el PP se resiente notablemente tras sus casos de corrupción endémicos, ha demostrado la evidencia: la manifiesta incapacidad de la formación naranja para regenerar el bipartidismo, como prometieron en los comicios de su andadura política. Por su parte, el diputado popular, Rafael Hernando, con más oportunismo que sentido común, no ha escatimado en tiempo a la hora de acusar a Sánchez de pactar con los antiguos socios de ETA, de ser los amigos de Maduro o de negociar con los que quieren romper España en la enésima alusión ventajista al Procés, sin querer recordar que en 1996, José María Aznar accedió a la Moncloa tras el Pacto del Majestic con CiU hablando catalán en la intimidad y con PNV, tras referirse a la organización terrorista ETA como frente vasco de liberación y menoscabando la certeza de que un votación para investir no significa necesariamente un gobierno de coalición. Congruencia pura y dura.

Otro de los argumentos sin fundamento económico esgrimidos por la oposición es la situación de incertidumbre económica que amenazará al país con el nuevo gobierno de Pedro Sánchez, algo que según ha comunicado el grupo de inversión Goldman Sacchs, es completamente falso. 180 votos respaldados por doce millones de españoles que echan por tierra las arribistas palabras de Rafael Hernando: Pedro Sánchez sigue sin aceptar el resultado de las urnas, sin profundizar en la idea de que los diputados que le han dado el al líder socialista han sido votados democráticamente por esos doce millones de ciudadanos españoles

Será un gobierno en minoría con ochenta y cuatro escaños —151 si finalmente se opta por un gobierno de coalición junto a Unidos Podemos—, frente a la mayoría absoluta con la que el Partido Popular cuenta en el Senado, y en el que tendrá que hacer frente a complejos problemas como la situación en Cataluña y la búsqueda del consenso entre las distintas formaciones políticas presentes en el Congreso de los Diputados. En una situación inédita, pues es la primera vez que un presidente llega al poder mediante este procedimiento, también estamos ante el primer líder del Ejecutivo sin acta de diputado y la primera ocasión en la historia de la democracia en la que gobernará el segundo partido más votado. Una situación esperanzadora en la que será difícil empeorar a su antecesor y donde parece recobrar aquella fugaz idea de que una España mejor es posible.

No hay comentarios:

Publicar un comentario